martes, 21 de diciembre de 2021

La fuerza de la costumbre

Hace unos días alguien me recordó "El día que te conocí hace ahora cinco años me di cuenta de que estabas triste. De que aunque sonrieras de oreja a oreja de alguna forma siempre estabas triste".

Tenía razón. 

Lo asumí.

Esto es lo que hay. Lo que me queda. Lo que me puedo permitir.

Entonces me hizo una pregunta "Me estoy enamorando de alguien que me apasiona pero que tiene poco tiempo de vida. Tú sabes lo que es eso ¿Puedes prevenirme un poco? ¿Voy a estar siempre siempre triste después de esto?"

Se me llenaron los ojos de lágrimas al instante. Quise disuadirle, alejarle de aquello, contárselo todo, contarle todo lo que no le cuento nunca a nadie. Las pesadillas, los días difíciles porque sí, los recuerdos aleatorios, los olores que se confunden con el suyo, las canciones que no eres capaz de volver a escuchar, ese puto runrun que te acompaña como una broma macabra "Hoy es martes y él sigue muerto".

Me senté en un banco, porque me puse triste. Y entonces me di cuenta.

"¿Sabes qué? Creo que yo ya no estoy triste"

¿Cuándo pasó? No lo sé ¿Cuándo dejé de pensar en ti, cuando dejé de mirar a la luna pensando que era la luna la que me miraba a mí? 

Creo que en algún punto del camino, este pasado año me cansé de esta duermevela de dolor y sueños rotos que era mi vida. No sé si fue mi psico que me apuntó en la dirección correcta, o Mateo que me recordó que yo era fuerte, o el Puerto que me repitió tantas veces que si me caía él estaría ahí, o mi madre que aprendió a decirme que me quería, o Elena que desde el principio me miró como a alguien a quien quieres y en quien confías y no me puedo permitir decepcionarla o la gente que a lo largo de este tiempo se ha acercado a mi porque de alguna manera les doy confianza y esperanzas y fuerzas.

O si ha sido un poco todo lo anterior.

Pero hoy me miraba en el espejo y sabía que sería un día difícil. Estoy empezando muchas cosas y me he levantado decepcionada con lo que estaba haciendo y sin ganas de nada.

Pero al mirarme me he reconocido. Por primera vez en mucho tiempo.

Y después de una mañana de desgana he vuelto a casa. A mi casa. Esta vez sí, esta vez es mi casa.

Y me he tomado una cerveza, porque me apetecía, he mimado a los gatos, he puesto música bonita, he bailado un rato, me he tumbado en la cama, Mateo me ha mandado un meme y he recordado que luego, cuando salga de clase, vuelve a casa.

Y entonces me he dado cuenta. De que me tuve que sentar en un banco porque me puse triste. Porque estoy empezando a acostumbrarme a estar feliz.


sábado, 28 de agosto de 2021

La carta que no te escribí.

 Esta es la carta que siempre te has merecido y nunca he sido capaz de escribirte. Así que tal y como me llegue, Salva, esto es para ti.


Te conocí en el peor momento de mi vida. Perdida en un mundo que me daba ganas de matarme día sí día también. 

En medio de esa tormenta me diste esperanzas, y yo fui con todo. Yo te creí. Y fui con todo.

A la semana dejaste de hablarme. No me diste explicaciones, no preguntaste, no diste la cara. Solo desapareciste poco a poco hasta que me vi sola en una ciudad desconocida. Ahí fue donde mi valentía empezó a cuestionarse. Donde empecé a pensar que quizá mis ganas inquebrantables, mi actitud de hierro frente a la vida quizás eran un error. Quizás era yo tomando decisiones precipitadas.

Me dijiste que querías alejarte pero seguimos follando, lo que instauró una confusión extraña que se fue adueñando de mi pensamiento. ¿Qué es real y qué no? ¿Qué es lo que quiere y por qué dice lo contrario? Ahí fue donde perdí mis cartas. Donde todo el entrenamiento hasta la fecha conociendo a gente se fue al carajo. Porque no me querías, o eso decías, pero seguías queriendo sexo. Así que. ¿Si no me quiere, pero seguimos follando? Me quiere para follar. 

Y no creo que entiendas lo que esto puede hacerle a alguien que viene de perder lo más valioso que ha tenido en su vida. No sé si entiendes lo que le hace eso a alguien que lleva remando contra corriente, mirándose al espejo y peleándose por quererse un poco desde hace meses. Pero básicamente destruye toda autoestima que pudieras tener y te convierte en un trozo de carne. Mi cuerpo es mi valor para él. No le intereso como para estar conmigo, pero mientras abra las piernas algo se puede aprovechar.

Como te creas eso una vez. Y me lo creí, porque me lo confirmaste varias veces. Estás perdido.

Yo necesitaba estar contigo. No lo necesitaba a un nivel romántico, como el que necesita una pareja. Lo necesitaba como el que lleva al borde de un precipicio mucho tiempo y empieza a tener demasiadas ganas de saltar. Te necesitaba porque sino no sabía que otra cosa podía hacer.

No lo sabías, y no te lo dije, yo tampoco lo sabía. Esto. Y únicamente esto. No es culpa tuya.

Entonces me empezaste a pedir espacio. ¿Qué curioso no? Me decías que me querías, ahora sí (Aunque no de esa manera claro), pero en cuanto ocupaba más espacio que el justo y necesario para un polvo de repente no podías tolerarme. Era siempre una carga "¿Entiendes que puedo querer ligar con más gente que no seas tú, o no?" Sí, claro que lo entendía. Lo que no entendía era por qué tenías que hacerlo cada vez que me veías. ¿Tuviste cuidado? Seguro que estás pensando eso. "Si supieras el cuidado que tuve, Na".

No lo tuviste, no tuviste una mierda, Lo intentabas casi con cualquiera, no dejabas escapar ni una oportunidad, eres muy fácil de pillar ligando, no es como si te gustase disimular. Porque no nos vamos a engañar, en cuanto hay un polvo delante empiezas a tunelar. Y de repente tus colegas dan un poquito más igual, ¿y tu polvo del por si acaso? Ni siquiera me preguntabas si me sentaría mal, si sentía algo, si era difícil. No fuera a ser que en algún momento reuniera el valor suficiente de cerrarme en banda y perdieras tu sexo asegurado del fin de semana.

¿Ahí? Ahí dejé de entender el amor. ¿Cómo alguien que me quiere podría tratarme con tanta frialdad? ¿Así es como debe sentirse? ¿Quizá sencillamente no entiendo como se siente? Debe ser eso. Una vez más. Te creí. Y con ello perdí mi amor propio. Dejé de pensar que merecía ser querida. Técnicamente ya lo era. Eso decías. ¿Cómo podía pedir más?

Y entonces Leo trajo a su amiga. Que noche aquella. Nos pasamos la noche tonteando con ella, y ella con nosotros, hubo miradas cómplices, todo iba bien, hasta que de repente ella y yo nos fuimos al baño. Y eso no lo pudiste soportar. Me montaste un pollo porque querías ligar por tu cuenta, porque no te dejaba espacio. No entendía nada, si hace un momento estábamos bien los tres y había mucha complicidad ¿Qué es lo que he hecho mal? Porque cuando ya no tienes amor propio siempre eres tú quien lo hace mal. Y bien que me lo recordaste, ese día concretamente me lo gritaste. Me echaste.

Leo se vino conmigo y os dejó solos. Esa noche tu te fuiste a follar con ella y yo viví el primer ataque de pánico de mi vida. Leo se quedó conmigo abrazándome toda la noche. Abrazando los trocitos que habías dejado de mí. 

Esa fue la primera vez que me dormí con la mirada perdida, fue la primera vez que me sentí minúscula, incapaz, derrotada. Fue la primera vez en mi vida que me sentí masacrada, la primera vez que me pasaste por encima como un camión.

Ahí fue donde perdí mi libre albedrío. donde adquirí una indefensión aprendida. Cualquier cosa que hiciera podía estar mal, me cuestionaba cada paso que daba, cada palabra. Desaparecía. Y cuanto menos quedaba de mí más cómodo parecías. 

Os pedí que me apoyarais en mi primer día de curro, al que llegué tarde porque quería pasar un rato más escuchándote. Apareció la amiga de Leo y te fuiste a bailar con ella. Nos fuimos a la Burli y os enrollasteis. Te sudó la polla absolutamente todo. 

Ni siquiera ibas borracho.

Me fui sin decir nada, con un nudo en la garganta que me acompañaría años. Con un dolor que me agujereaba el estómago. 

Al día siguiente me gritaste otra vez, porque no me despedí de ti la noche anterior, pese a que habías venido a apoyarme en mi primer día de curro. Y una vez más, te creí. De verdad que creí que habías venido a apoyarme, y que yo estaba exagerando porque la persona a la que quería y que claramente sabía que yo le quería me estaba llamando loca. Me llamaba desagradecida. Me pedía que me disculpara. Que me disculpara por sentir. Que me disculpara por haberme hecho pedazos.

Y me disculpé.

Ahí perdí el rumbo. Ya no sabía por qué me levantaba por la mañana. No tenía hambre, me pasaba el día en la cama. Me dejaba post its por casa para recordarme que tenía que comer. Los viste. Te hicieron gracia.

Entonces llegó tu amiga de Valencia. De la que no me avisaste (Por supuesto.). Me avisó Daki, que dentro de quien es estaba viendo tus pasos y se preguntaba como cojones podía alguien ser tan jodidamente monstruoso. Y me sacó de ahí. Tu me habrías dejado comérmelo sin ninguna explicación. Seguramente te habrías enfadado si no te hubiera sonreído al presentármela, me habrías dicho "No te llevas bien con ninguna mujer". No Salva, no me llevaba bien con nadie a quien te follaras en mi cara. Por mucho que te sorprenda. 

No obstante, ahí empecé a pensar que no tenía amigas porque no las merecía. Porque no sabía tratar con ellas. Lo que era en parte verdad, pero había otra enorme parte en este asunto, la parte en la que convertías en contrincantes a cualquier mujer a la que conociéramos. Porque Salva no puede guardarse la polla ni 20 minutos si hay alguien delante que tenga dos piernas y pueda querer abrirlas para él. 

Y te fuiste a Barna, y empezaste con Ale, y una vez más no me dijiste nada. Es curioso que toda tu defensa en este asunto se haya basado siempre en que no me comuniqué contigo cuando desde el principio fuiste un mentiroso de campeonato. No era que no quisieras decirme lo que hacías, era que no te convenía. Pero una vez más la loca era yo "La he conocido hace dos días." Dos semanas hacía que os veíais, dos semanas en las que me dijiste que todo iba bien, que estabas deseando que subiese a Barna a verte. Dos semanas en las que una vez más te dio absolutamente igual lo que yo pudiera sentir.

Y nos juntaste a las dos. Con dos cojones. ¿Para qué? Para lo obvio. Y te salió el tiro por la culata, porque lejos de competir por ti nos aliamos. Porque ahí donde lo ves cuando le pasas por encima a una mujer esta no se enemista porque sí con las mujeres que la rodean, sino que monta un ariete para sobrevivirte.

Así que te revolviste contra nosotras, hiciste llorar a Ale, la machacaste delante de mí, lo intentaste conmigo, ya estaba amaestrada después de todo. Pero ese día no. No después de ver lo que le hiciste.

Que le mandaste un whatsapp de que la dejabas porque te apetecía follar conmigo ¿Se puede ser más ruin? Nos vieron en el bar y al entrar nos preguntaron, éramos dos chicas llorando, la pregunta era natural. Así que se lo conté. Les conté de donde venía y lo que había pasado. Por encima, siempre desde la perspectiva de la tirana, de la carga que yo suponía para ti. Porque ahí ya me habías anulado. Ahí yo ya no tenía fuerzas para seguir siendo yo.

Y te sorprenderá, pero les pareciste un monstruo. Y no lo creyeron por lo que yo les dijera, lo creyeron porque esa noche te vieron, te escucharon, y cualquiera (excepto tu) que te viera esa noche sabría lo que eras. Cualquier a quien sencillamente le dijeras que habías juntado a tu ex, a la que acababas de dejar para follarte a la otra y a esa otra en un mismo bar te diría que eres un grandísimo hijo de puta, independientemente de la cantidad de mierda que hubo después, que ya fue de puta traca.

Y seguimos adelante, y me pediste espacio y luego apareciste de la nada "Me he dado cuenta de que te quiero". Vaya. Salta a la vista.

Y renuncié a darle una oportunidad a Gerard, y te creí. Una vez más. Pero esa vez, rota, vacía e incapaz de verme como un ser humano que merecía cariño, respeto y amor sencillamente no pude más. Era demasiado. Dolía demasiado. Eran muchos "No se debe haber dado cuenta" a tus espaldas. Era ya por aquel entonces absurdo.

Pero volviste a rondarme, y arremetiste contra mi pareja, y me prohibiste coincidir con él y me obligaste a decidir entre ambos. Sabiendo claro que la sartén por el mango la tenías tú. Me presionaste y manipulaste mi relación con él Y una vez más, mis consecuencias te dieron absolutamente igual.

Y lo dejé con él, porque tenía que hacerlo, porque no tenía sentido, y ahí seguiste. Presente pero inconstante, presumiendo la vida que tenías pero jamás invitándome a vivirla. Porque todos sabíamos que si entraba ahí y te delataba tu juego acabaría. No tenías miedo de que contase mierda a tus espaldas, tenías miedo de que contara la verdad. Te daba pánico. Lógico.

Pero eso no me lo dijiste, por supuesto. Tu me dijiste que yo quería joderte la vida, que siempre andaba poniendo a la gente en tu contra. Y así. Me silenciaste. Así me creí que pedir ayuda era cruel, que si hablaba de lo que me hiciste te estaba traicionando. Así me aislaste.

Llegó verano y todo el mundo se puso en tu contra. Tu dijiste que nadie entendía como te sentías, que nadie te tenía en cuenta y que habían hecho un complot contra ti. Y de nuevo, te creí. Y te apoyé aunque no me contases nada, aunque jamás confiases en mí para contarme nada.

Hasta que me enteré de que te habías follado a dos gemelas, que previamente te advirtieron al respecto de las consecuencias que eso tendría para ellas, que habías meado entre las piernas de la pareja de Ori y otras tantas perlas más.

Y te cabreaste. Porque sabías que te había descubierto, y sabías que las dos personas a las que más controlabas hasta la fecha nos habíamos conocido, y ya no estábamos solos frente a tu yugo. Y eso te acojonó vivo. Te acojonó vivo que nos quisiéramos. Que te abandonáramos, como habría hecho cualquier persona que se quisiera un poco. Pero a nosotros de eso ya no nos quedaba.

Aún así volvimos a coincidir, después de que mi vida volviera a estar patas arriba. Y empezamos a estar juntos, Yo contigo y tu con Van y con quien se quisiera apuntar.

Me pediste que ambos tuviéramos a otras personas, para quitarte peso (Eso dijiste, que huevazos.) y conocí a Mateo. Y nos acostamos y fue una pasada.

Y cuando te lo dije te cabreaste. Por algo que no tenía nada que ver con ello, desde luego. Que evidentemente, era culpa mía. Culpa de mi dependencia, de mis demandas constantes de cariño y atención. Era mi culpa por intentar sacar la cabeza a flote, por seguirme dando de ostias, aún con el cuerpo en carne viva. Era culpa mía por no subyugarme.

Y no podía mencionarse a Mateo, y no podíamos coincidir si yo no estaba encima tuyo, porque enloquecías. Arremetías contra mí, se te iba de las jodidas manos. Y él se fue de tu casa y yo dejé de hablar con él ¿Porque ya qué otra opción tenía?

Y cuarentena, y tu ligando con otra chica, a la que me atrevo a suponer que destrozaste, porque supongo que esto lo sabes ¿No? Te has pasado los últimos años de tu vida destrozando mujeres.

Pero aguanté, me lo propuse, lo intenté de todas las formas que supe. En casa Panda y Alba me alagaron, me dijeron que me estaba tomando muy bien todo aquello, que no parecía una situación fácil de gestionar. Ay si ellos hubieran sabido de donde venía... Pero claro no podía contárselo. Decir la verdad, como siempre, era traicionarte.

Salimos de cuarentena y yo salí más fuerte, más consciente y empecé a plantarte cara y entonces fue cuando el sexo cobró ese tono horroroso que aún recuerdo tan bien. No lo sabía entonces pero habías empezado a violarme. Porque déjame que te diga algo, cuando destrozas la autoestima de alguien hasta el punto en que ya ni siquiera se plantea si ese polvo le apetece o no, simplemente ha de hacerlo porque eso es lo que aporta y lo que se busca en ella, eso amigo mío, es violación. Pero incluso con eso de lado, me negué varias veces, me agredías entre risas, me aplastabas el pecho con las rodillas mientras me decías que que no valía nada y cuando después de eso lloraba me tratabas de débil. 

Y así destruiste mi negativa. Destruiste mi poder de decisión, mi opción a decir "no".

Y llegó esa fiesta en la Pirata, y yo me moría de ansiedad, y te pedí ayuda y me ignoraste todas las putas veces. Y me fui sola, pensé que me moría, no podía respirar y te pedí ayuda de nuevo. Tardaste 30 minutos porque por el camino te desviaste a buscar un puto vino.

El camino a casa fue terrorífico, pero eso no te impidió pararte a escribir en las paredes o decir que íbamos a tu casa en vez de a la mía, porque claro, ¿para qué querré yo tener mi puto espacio seguro? 

Y ese día, con dos kilos de ansiedad encima llegamos a tu casa y querías follar, y te dije que no, y forcejeamos y acabamos follando, o mejor dicho, acabaste violándome. Y al día siguiente cuando te dije que teníamos que hablar de ello, que no podía seguir así literalmente me dijiste " Va, pero si eso es lo que te gusta".

¿Cómo coño te atreviste?

Y volvimos a la cantinela de Salva quiere follar con más gente, así que me armé de valor y volví a quedar con Mateo. Que me dio la noche más tranquila y bonita que tuve en los últimos 6 años. Una persona que no me conocía de nada supo cuidar de mí como alguien que decía quererme no lo hizo en 6 años. Y ahí entendí que se había acabado.

Fue esa noche cuando me acosté con Mateo, cuando me di cuenta de que no me acariciabas cuando follábamos, que no me abrazabas, que no me preguntabas "¿Bien?" 

Recuerdo que cuando me preguntó eso, en medio del polvo y no entendí nada ¿Cómo podía parar en medio de aquello porque hubiera pensado que algo que hacía podía no gustarme? Y ahí lo supe. Porque si quieres a alguien, aunque solo sea un puto poco te paras a ver si lo que haces le está haciendo daño.

Y todo se desbloqueó. Nunca me quisiste. No más que a ti mismo. Me querías cerca, me querías disponible, me querías queriéndote. Pero nunca me quisiste a mí.

Y conseguí recomponerme de mis cenizas, y conseguí dejarte, Y tuviste los cojones de decirme que te estaba dejando porque como siempre había encontrado otra rama a la que agarrarme. No Salva. Te dejé porque no quedaba nada más de mí que pudieras quemarme. Te dejé porque una persona preciosa a la que a penas conocía me vio en un momento vulnerable y en vez de machacarme me abrazó. Te dejé porque acabé entendiendo que me hiciste polvo.

Te pedí distancia y al mudarme de repente te apetecía mucho quedar con Deivid y Ori, y te volviste a colar en mi vida. Con tus chistecitos, tus salidas de tono, tus cachetes en el culo (Solo cuando Mateo no estaba, por supuesto, no me respetas a mi, sino a él.), tus desacreditaciones y tus mierdas que se movían una vez más para intentar tirarme al suelo.

Pero ya no estaba sola en esto. Ya no te creía. Pude contar esta historia a mi pareja sin sentirme culpable y por primera vez en años me sentí segura y fuerte como para hacerte frente.

Y dios sabe que lo he intentado, y he aguantado que te cueles en mi habitación a tus anchas y que abuses de mi hospitalidad y de mi confianza y que me desacredites cada vez que algo no va bien en mi casa. Siempre intentando que dude, siempre intentando que baje la puta guardia.

Pero ya no tienes poder aquí, Salva. Ahora cuando te las das de listo te paro los pies, cuando te sales de tono te suelto una pulla y cuando percibo tus intentos te saco las uñas. 

Y eso no te gusta.

Y me preguntas por qué actúo así. Por qué emprendo esta cruzada en contra tuya. Por qué me defiendo con tanta virulencia.

Pues bien, lo hago porque me quitaste la confianza en mi misma, mi valor, me quitaste mi amor propio, me quitaste el libre albedrío, mi idea del amor, mi poder de decisión y mis ganas de vivir.

Lo hago porque no vas a volver a dar un paso más que te sirva como premisa para volver a hacerme daño.

Lo hago y no voy a disculparme por como consigo arreglar aquello que tu rompiste.

Ana del futuro: Cada vez que sientas la tentación de hablar con él, que la sentirás, porque los malos recuerdos se van olvidando y resurge un recuerdo más amable y más romántico. Cada vez que sientas esa tentación. CADA-VEZ-QUE-LA-SIENTAS vuelve aquí. Recuerda lo que has olvidado y ubícate. 

Si te quieres no volverás.


miércoles, 26 de mayo de 2021

A mi yo de dentro de 10 años

 A la Ana de dentro de diez años. Na, Hans, Anfetanita.

Me cuesta mucho imaginarme distinta dentro de 10 años, pero claro, tampoco me imaginaba como soy hace 10 años. 

No voy a llenar esto de "Espero que tengas una casa y un trabajo" y todo eso que se suele escribir en una carta como esta. Eso sería mediocre y nosotras no lo somos. Nunca lo hemos sido no creo que lo consigamos en 10 años.

Espero que te hayas roto y te hayas recompuesto. 

Espero que sigas rodeada de gente increíble y que hayas seguido teniendo momentos inolvidables con todos ellos. Que haya gente nueva y que los que ahora están sigan ahí y tu sigas ahí para ellos. Ojalá el "Nadie se queda atrás" siga tan presente como lo siento ahora. 

Espero que hayas conseguido hacer lo que más te gusta. Espero de verdad que seas más arte que nunca, que irradies luces de mil colores y dejes que el mundo lo vea. Espero que hayas aprendido a dejarte ver.

Espero que no haya más ansiedad en tu vida y que vivas jodidamente tranquila con quien eres. Me encantaría que hubieras encontrado la manera de quererte de una vez por todas. Confío en ti, si aún no lo tienes ya te faltará poco.

Espero que hayas viajado dentro y fuera de casa, que tengas anécdotas que contar de las que llenan una sala que escucha en silencio. Espero que seas una mochila de experiencias que aún no puedo ni imaginarme.

Espero que hayas sonreído y llorado y bailado y follado hasta quedar exhausta. 

Sé que es una lista de deseos complicados, y es posible que con todo esto te haya cargado un peso a tus espaldas, o quizá no y ahora eres un puto elemental de estabilidad y caos a partes iguales, yo qué sé. Aún no sé quienes serás.

Pero hoy, años atrás, en mi cuartito de Gracia me siento un poco triste, a veces las paredes se me echan encima y no sé muy bien si en algún momento llegaré a sentirme entera. 

Lo que sí sé es que tengo fe en nosotras. En que lo intentaremos hasta que no nos queden fuerzas. En que seguiremos adelante cueste lo que cueste.

Por último un recordatorio. Si por cosas de la vida has perdido el contacto con Puerto, por favor retómalo. No importa qué haya pasado. Léele esta carta y pídele que vuelva, lo entenderá. Perderle es lo único que no te perdonaría jamás.

Y con esto me despido.

Ojalá estés tranquila y a ratos seas feliz :)




Ansiedad

 En mi último intento por ser feliz se me derramó la cordura en algunas cicatrices. Como la cera de una vela que lleva encendida demasiadas noches. Como la sangre de unos puños que aprietan pesadillas. Como ansiedad por todo mi ser.

Así que, Ansiedad.

Tengo una carta para ti.

Que error pensar que estás aquí por casualidad. Que error llamarte enfermedad.

Cada vez que apareces me recuerdas que algo no va bien. Vienes y me recuerdas que duele. 

Duele no saber de donde vengo, ni quien era antes de que me faltase todo. Duele no saber a donde voy.

Duele que todo me pase por encima y no se pare siquiera a preguntar si sigo en pie.

Duele sacar coraje y dientes y sangre y que después no quede nada.

Duele callarme.

Duele saber que estoy sola muchas veces. Aún con todo el mundo abrazándome.

Duele no poder estar sola. Aún en mi cuarto en silencio y a oscuras.

Duelen los gritos en mi cabeza desgarrándome el alma diciendo que pudo ser más pero no fue. Ni será.

Duele esta distancia autoimpuesta con la calma.

Duele bailar porque matarme no puedo.

Duele perder constantemente, pero sobre todo, lo que duele es no encontrar.

No encontrar serenidad, ni calma, ni pausa, ni aliento ni oasis ni paz.

Duele como un hierro candente en las alas ancladas al suelo que no dejo volar.

Duele y está bien que me lo recuerdes. Está bien que me tires la puerta abajo para recordarme que no soy solo esto. Que tengo suelo bajo mis pies y cielo sobre mi cabeza, que queda viaje y carretera por delante, y atrás solo me quedan los recuerdos.

Gracias ansiedad por seguir aquí. Por no rendirte conmigo. Por gritarme que soy más que todo lo que me duele.

Gracias por impulsarme siempre a buscar algo nuevo, a no conformarme con tu insolencia, a recordarme que tengo que seguir buscando y creciendo y soñando.

Gracias por comerme viva cada vez que dejo de moverme, cada vez que dejo de sentirme viva, cada vez que pienso que ya he llegado a la meta y abatida decido parar.

Porque no he llegado aún ¿Verdad? Queda carrera por delante ¿Es eso lo que quieres que sepa?¿Es eso lo que aún nos atormenta?

Creo que solo el saberlo ya nos deja un paso más cerca de lograrlo.

De lograrNOS.

De conquistarNOS.

Porque ¿quién sería yo sin todas tus cicatrices?

Siempre enfocada en cuanto me pesaban las alas en vez de atreverme a salir volando.

¿Sabes? Hoy ya no pesan como entonces, hoy que te conozco un poco más y te odio un poco menos.

Tal vez siempre fuiste eso.

El coraje que me faltaba para atreverme a levantar el vuelo.








martes, 13 de abril de 2021

Los que son como tú

 Este texto no es solo para ti. Este texto es para la gente como tu.

A lo largo de mi vida os he conocido, y creo que a estas alturas he aprendido bien a distinguiros. A veces no de lejos, pero tarde a temprano la soberbia os sale a flote y delata todo lo que hay debajo. Nada.

Y como os jode esa nada ¿Eh? Como intentáis taparla desesperadamente con quilos de libretas vacías, de textos y textos que son siempre lo mismo "Me siento solo y al final soy nada" o "Me siento solo y al final soy todo", depende lo que hayáis consumido, speed, la lástima de algún amigo camuflada de cariño o vuestro propio reflejo en el espejo, que podéis huir de muchas cosas, pero de eso no se escapa nadie.

Con el tiempo he comprendido que hay gente que crea y gente que recicla. Como el Sálvame, como Auronplay. Que necesita que el mundo le de algo con lo que llenarse la boca para poder llamarlo "arte" (Si tiene los huevos de mentirse hasta ese punto) o empleo (Si el ego no sube tan alto). Porque al final todo se reduce a eso. Cuando no eres nada solo te queda el ego.

Cuando te quedas cada vez más solo el problema es de los demás, ego. Cuando no dejas de fracasar el problema lo solucionaré pronto, tened paciencia, ego. Cuando no generas atracción hacia nadie el problema es de la sociedad que le da mucha importancia al sexo y es una promiscua, yo eso no lo necesito, ego. Cuando te dicen treinta veces que no, el problema es de ella que no sabe verme, que está rota, que no sabe como vivir su vida como yo creo que debería vivirla, EGO. 

Pues os vais a llevar una sorpresa, amigos. El problema sois vosotros. El problema reside en esa capita de pintura satinada color sueños que le ponéis cada día a vuestra mediocridad. El problema está en esa facilidad con la que os mentís a vosotros mismos, porque siempre es más fácil mentirse que meterse ahí dentro ¿No? En ese pocito de manos vacías, sueños rotos, miradas distantes, egoísmo, pataletas e inmadurez que en fondo sabéis que sois. Que de vez en cuando recordáis. Porque dejadme que os ahorre el martirizar a vuestros amigos con una vida de pucheros, ¿esa pena profunda que os consume, esa soledad que os abruma? No es vuestra durísima vida. Sois vosotros recordando lo que sois, es la bestia de abajo, recordándoos que sigue viva, tras vuestra máscara de genio excéntrico un payaso sigue latiendo.

Así que permitidme la aclaración (que no consejo, porque por mí os pueden dar pero bien por el culo) de alguien que por suerte o por desgracia se ha cruzado en su camino con varios de vosotros:

Tarde o temprano lo único que os queda es vuestro agujero y vuestra droga. 

Solo os pediría que al menos tengáis la bondad de acabar ahí por vuestra cuenta y dejarais de empequeñecer a los demás.

martes, 6 de abril de 2021

Melancolía

 Quien soy. Me resulta muy difícil desarrollar quien soy. No tanto por quien, sino por el qué. Así que empezaré por ahí.

Soy Melancolía. Soy algo pequeñito que hace siempre mucho ruido. Un ruido que se escucha solo desde dentro y que retumba en las paredes constantemente, todos los días. Soy un pesar que prevalece aún en los momentos más cálidos. Soy el motivo por el que bebo cuando bebo sola. Soy una cadena que me ata a una pena muy profunda, a un dolor muy profundo, a una soledad muy profunda.

Soy aquella que siempre le recuerda, aquella que parece que sigue viviendo con él en una ciudad paralela, la que se quedó sola cuando él se marchó. 

Sé que en algún momento fui lo único que me mantuvo con vida.

Soy la que juzga a la gente que percibo pequeña, la que entorna los ojos con condescendencia. Soy la que cree que merece más de lo que recibe, la que se enfada y grita cuando todo le pasa por encima. La que saldría a la calle armada, la que dice "No te quiere", y susurra "No le quieres". Y se acuesta a mi lado cada noche dejándome un sabor amargo si no hay abrazos que me consuelen.

Soy una niebla de "Te lo dijes". Soy la montaña rusa de emociones injustas que me sacuden cuando pasa algo de tiempo sin que nada cambie. Soy la inconformista, la que me recuerda que no me quieren suficiente, que no soy una prioridad, que no aprendo lo suficientemente rápido, que no me escuchan o no me entienden.

Soy la pedrada que me rompe las ventanas que cierro para que no entre el aire. Soy los gritos en el pasillo y los arañazos en las paredes. Soy un montón de post its por toda la casa recordándome que sigo triste.

Pensarás que soy solo el enemigo. Pero a ratos soy y he sido agua. Tanto soy tormenta como soy la calma.

Soy lo que llena el silencio cuando estoy sola. Soy la red de seguridad que no me deja caer cuando todo me derrumba. Soy aquello que queda cuando todo lo demás se ha ido. Y me recuerda que sigo aquí. Luchando.

Soy la autoestima que me grita "Vales más de lo que te valoran". Soy el empujón cuando tomo decisiones de mierda, de las que no tienen opción correcta, pero aún así han de tomarse. Soy la fuerza que vive en mis entrañas cuando pierdo el resto de las cartas. 

Soy mi arte más puro, el que trasciende, el que cuenta historias y transmite verdades. Soy la que aguanta, firme, y le pone colores al desamparo.

Soy la que mataría por los que ama, la que sale a la superficie cuando alguno se pierde, y va con todo, va hasta la muerte.

Así que supongo que al fin y al cabo solo soy yo vulnerable. Mi yo más ciego y mi yo más fuerte.

Al final soy solo mi yo superviviente.


lunes, 1 de marzo de 2021

Misa de requiem

 Si me muriera mañana, y quienes me conocen entraran en mi casa ¿Qué encontrarían? ¿A qué versión de mi recurrirían?

Si me muriera mañana, y la nostalgia, o la tierra removida del duelo les llevara hasta mi cama templada ¿Sabrían encontrarme entre las sábanas?

Probablemente buscarían perdidos en las estanterías, en los cajones, tras las cortinas, algún atisbo de esa magia que ya nunca encontrarían. Que ya se habría perdido con el viento que huye por la ventana y se dirige al mar. 

Abrirían las libretas, encontrarían dibujos inacabados, textos, colores. Recuerdos que pintaban una vida en verdes y violetas de acuarelas oscuras y viajes a témperas perdidas. Encontrarían mi camino a través de papeles pero no entenderían, no sabrían, que cada trazo fue afilado en mis heridas, que cada rostro, cada emoción, cada mirada retratada seguía siendo yo en cada curva de mis días. No sabrán que dibujaba el pelo largo cuando me sentía sola, ni que nunca borré un solo ojo a ninguna mujer. No podrán tocar la aspereza de las noches en que destilé mi arte en ginebra o cerveza o llanto.

No lo conocen.

Se marcharían sintiéndose tenues llevándose lápices y quizás algo de ropa, pero no me reconocerían en mi cuarto vacío.

No sabrían que lo llené de luces para recordar el camino de vuelta a casa. Que guardo siempre un poquito de hierba y chocolate, por si un día me siento demasiado triste. Que he escrito algo importante con todos y cada uno de los bolígrafos que hay en los botes de mi mesa. Que cuando estoy sola siempre miro por la ventana. Que estoy segura de haber escuchado las cuerdas de la guitarra todos y cada uno de los días. Que tengo dos velas apagadas que solo enciendo si estoy perdida. Que hay un mechero que nunca he perdido porque dentro tengo encerrada Madrid.

No habrá nada que les diga que me atreví a confiar en todas aquellas personas a las que quise. Que siempre prefería la luna. Que mi gran fantasía era follar detrás de un bombo. Que nunca me atreví a coger una mariposa con las manos. Que llevo toda la vida ahorrando secretamente para marcharme lejos. Que tengo un pintalabios con el que solo me pinto la piel y que cada una de las personas a las que quiero tiene un nombre diferente al suyo en mi cabeza.

E inevitablemente recuerdo a Tejerina cuando decía que amar a un desconocido es como rezarle a un Dios que no te mira.



20 de enero

 Hoy es veinte de enero, que putada.

Como el de todos los años. Parece que pase desapercibido. "Te veo bien".

Pero que va. Siempre golpea bien fuerte en el estómago.

Hoy es veinte de enero, como la canción de la Oreja de Van Gogh, que putada.

Por si se me olvidara.

Que cerca cae de principio de año, que debería dar igual, pero no.

Ahí está, clavándose como la nota aguda de una guitarra que ya no tocas.

Hoy es veinte de enero, como cuando te conocí, treinta años tendrías, que putada.

Porque no los tienes. Y se me han esfumado de alguna manera entre los dedos.

¿Cómo decía? Como aguanieve.

Como una chaqueta que quemé hace tiempo, pero de alguna forma todavía llevo.

Como un olor que a día de hoy ya no recuerdo, pero echo de menos.

Como un agujero que me quiebra la vida.

Hoy es veinte de enero.

Y lo va a seguir siendo hasta que se me oxide el alma.

sábado, 16 de enero de 2021

Eternos

- ¿Recuerdas cuando creíamos que éramos eternos?

-Yo aún lo siento

- No, quiero decir. Cuando lo sabíamos. O mejor, cuando no sabíamos. Cuando no sabíamos que el tiempo pasa, que las cosas se pierden, a veces para siempre. Cuando siempre había comida en la mesa, cuando el techo no dependía de tu trabajo ni del tiempo que invirtieras en hacer cosas que no te gustan tanto o que odias. Cuando para nosotros aún no había muerto nadie. Cuando bebíamos y fumábamos y nos metíamos de todo y nos íbamos a dormir y al día siguiente estábamos de una pieza. Cuando ninguno de nuestros actos parecía tener consecuencias.

-Sí, ya me acuerdo.

-Ya.

-Pero aún lo somos. Hemos pasado hambre, pero siempre hemos comido. El techo depende nosotros, pero de algún modo siempre tendremos un techo que nos acoja. Las cosas se pierden, a veces para siempre, la gente se muere. Pero ahora sabemos que siempre hay más. Siempre llega algo nuevo, la gente sigue naciendo, despertando, buscando, creciendo. Seguimos bebiendo, quizá no como antes, pero fumamos y nos metemos de todo, nos vamos a dormir y al día siguiente el cuerpo no es el mismo. Pero seguimos siendo nosotros. Más fuertes, más vivos, más sabios, y si hemos tenido suerte, a veces hasta más locos que el día anterior. Hemos aprendido que todo acto tiene consecuencias, nos hemos dado cuenta de lo fácil que nos resulta cagarla y volverla a cagar. Y tropezarnos, y volver a tropezar. 

-Pues eso digo, que...

-Cállate. Es cierto que no somos eternos. Al menos no lo somos siempre. Pero ahora más que nunca, es cuando queremos serlo. Es cuando sabemos serlo. 

Ahora más que nunca es cuando mejor respiramos al salir de trabajar, es cuando más valoramos el acurrucarnos con alguien en una cama, es cuando más fuerte nos reímos y bailamos cuando salimos de fiesta y es cuando más sabemos el valor que tienen las cosas y cuando mejor nos tratan nuestras consecuencias.

Porque ahora sabemos que la eternidad no la tenemos. La eternidad nos la ganamos.