Permitidme dos minutos de no poner buena cara.
Me dijeron de pequeña que a mayor sacrificio más se gana, pero hoy que ya he crecido, las normas no están tan claras.
He perdido la cuenta de las veces que he hecho lo correcto, lo difícil, lo que mata de tormento, he visto a gente mirarme asustada, no entendiendo como era posible. No lo sé señora, yo tampoco sé decirle.
Y sin embargo a penas te levantas ya te tumba la siguiente. Es absurdo, os lo prometo, no sé quien es el titiritero que mueve los hilos del destino, pero lo que sí sé, es que ese hijo de puta solo premia al que está quieto. Ni activo, ni valiente, ni despierto, ni consciente. "¿Despiertas? Espera espera, que te mando otra pelea"
Parece que a la vida solo le interese matarte. Destrozarte. Reventarte. Desmotivarte hasta que entiendas que todas esas luchas solo buscaron amputarte hasta el más mínimo atisbo de brillo que quedara sin blindarse.
No sé cuantos inviernos llevo ya ardiendo. Y me digo a mi misma que este fuego no lo apagarán dos mil ventiscas ni todos los vientos helados del norte, pero también sé que a mi misma ya nadie me miente. Ni siquiera alguien que mantenga mi expediente. Que de allí de donde salgo nadie sigue la corriente, y sin embargo todos pierden.
Ya me dirás quien aguanta este ritmo entre los dientes.
Os lo adelanto ya, os hago spoiler, el premio por levantarte es que vuelvan a tumbarte
Quizá llevo demasiado tiempo sin saber lo que se siente al estar cuerdo. Quizá hace demasiado frío ya aquí dentro. Pero estoy hasta los huevos. No me quedan ganas para sentirme apátrida de nuevo y sin embargo. Sin embargo.
Ya solo me mueve el fuego. Quiero encontrarlo. Encontrar el juguetero que se ríe de mis desvelos y tirarlo veinte minutos a mi terreno de juego.
A ver como te sienta medio sorbo de tu jodido veneno.