Esta es la carta que siempre te has merecido y nunca he sido capaz de escribirte. Así que tal y como me llegue, Salva, esto es para ti.
Te conocí en el peor momento de mi vida. Perdida en un mundo que me daba ganas de matarme día sí día también.
En medio de esa tormenta me diste esperanzas, y yo fui con todo. Yo te creí. Y fui con todo.
A la semana dejaste de hablarme. No me diste explicaciones, no preguntaste, no diste la cara. Solo desapareciste poco a poco hasta que me vi sola en una ciudad desconocida. Ahí fue donde mi valentía empezó a cuestionarse. Donde empecé a pensar que quizá mis ganas inquebrantables, mi actitud de hierro frente a la vida quizás eran un error. Quizás era yo tomando decisiones precipitadas.
Me dijiste que querías alejarte pero seguimos follando, lo que instauró una confusión extraña que se fue adueñando de mi pensamiento. ¿Qué es real y qué no? ¿Qué es lo que quiere y por qué dice lo contrario? Ahí fue donde perdí mis cartas. Donde todo el entrenamiento hasta la fecha conociendo a gente se fue al carajo. Porque no me querías, o eso decías, pero seguías queriendo sexo. Así que. ¿Si no me quiere, pero seguimos follando? Me quiere para follar.
Y no creo que entiendas lo que esto puede hacerle a alguien que viene de perder lo más valioso que ha tenido en su vida. No sé si entiendes lo que le hace eso a alguien que lleva remando contra corriente, mirándose al espejo y peleándose por quererse un poco desde hace meses. Pero básicamente destruye toda autoestima que pudieras tener y te convierte en un trozo de carne. Mi cuerpo es mi valor para él. No le intereso como para estar conmigo, pero mientras abra las piernas algo se puede aprovechar.
Como te creas eso una vez. Y me lo creí, porque me lo confirmaste varias veces. Estás perdido.
Yo necesitaba estar contigo. No lo necesitaba a un nivel romántico, como el que necesita una pareja. Lo necesitaba como el que lleva al borde de un precipicio mucho tiempo y empieza a tener demasiadas ganas de saltar. Te necesitaba porque sino no sabía que otra cosa podía hacer.
No lo sabías, y no te lo dije, yo tampoco lo sabía. Esto. Y únicamente esto. No es culpa tuya.
Entonces me empezaste a pedir espacio. ¿Qué curioso no? Me decías que me querías, ahora sí (Aunque no de esa manera claro), pero en cuanto ocupaba más espacio que el justo y necesario para un polvo de repente no podías tolerarme. Era siempre una carga "¿Entiendes que puedo querer ligar con más gente que no seas tú, o no?" Sí, claro que lo entendía. Lo que no entendía era por qué tenías que hacerlo cada vez que me veías. ¿Tuviste cuidado? Seguro que estás pensando eso. "Si supieras el cuidado que tuve, Na".
No lo tuviste, no tuviste una mierda, Lo intentabas casi con cualquiera, no dejabas escapar ni una oportunidad, eres muy fácil de pillar ligando, no es como si te gustase disimular. Porque no nos vamos a engañar, en cuanto hay un polvo delante empiezas a tunelar. Y de repente tus colegas dan un poquito más igual, ¿y tu polvo del por si acaso? Ni siquiera me preguntabas si me sentaría mal, si sentía algo, si era difícil. No fuera a ser que en algún momento reuniera el valor suficiente de cerrarme en banda y perdieras tu sexo asegurado del fin de semana.
¿Ahí? Ahí dejé de entender el amor. ¿Cómo alguien que me quiere podría tratarme con tanta frialdad? ¿Así es como debe sentirse? ¿Quizá sencillamente no entiendo como se siente? Debe ser eso. Una vez más. Te creí. Y con ello perdí mi amor propio. Dejé de pensar que merecía ser querida. Técnicamente ya lo era. Eso decías. ¿Cómo podía pedir más?
Y entonces Leo trajo a su amiga. Que noche aquella. Nos pasamos la noche tonteando con ella, y ella con nosotros, hubo miradas cómplices, todo iba bien, hasta que de repente ella y yo nos fuimos al baño. Y eso no lo pudiste soportar. Me montaste un pollo porque querías ligar por tu cuenta, porque no te dejaba espacio. No entendía nada, si hace un momento estábamos bien los tres y había mucha complicidad ¿Qué es lo que he hecho mal? Porque cuando ya no tienes amor propio siempre eres tú quien lo hace mal. Y bien que me lo recordaste, ese día concretamente me lo gritaste. Me echaste.
Leo se vino conmigo y os dejó solos. Esa noche tu te fuiste a follar con ella y yo viví el primer ataque de pánico de mi vida. Leo se quedó conmigo abrazándome toda la noche. Abrazando los trocitos que habías dejado de mí.
Esa fue la primera vez que me dormí con la mirada perdida, fue la primera vez que me sentí minúscula, incapaz, derrotada. Fue la primera vez en mi vida que me sentí masacrada, la primera vez que me pasaste por encima como un camión.
Ahí fue donde perdí mi libre albedrío. donde adquirí una indefensión aprendida. Cualquier cosa que hiciera podía estar mal, me cuestionaba cada paso que daba, cada palabra. Desaparecía. Y cuanto menos quedaba de mí más cómodo parecías.
Os pedí que me apoyarais en mi primer día de curro, al que llegué tarde porque quería pasar un rato más escuchándote. Apareció la amiga de Leo y te fuiste a bailar con ella. Nos fuimos a la Burli y os enrollasteis. Te sudó la polla absolutamente todo.
Ni siquiera ibas borracho.
Me fui sin decir nada, con un nudo en la garganta que me acompañaría años. Con un dolor que me agujereaba el estómago.
Al día siguiente me gritaste otra vez, porque no me despedí de ti la noche anterior, pese a que habías venido a apoyarme en mi primer día de curro. Y una vez más, te creí. De verdad que creí que habías venido a apoyarme, y que yo estaba exagerando porque la persona a la que quería y que claramente sabía que yo le quería me estaba llamando loca. Me llamaba desagradecida. Me pedía que me disculpara. Que me disculpara por sentir. Que me disculpara por haberme hecho pedazos.
Y me disculpé.
Ahí perdí el rumbo. Ya no sabía por qué me levantaba por la mañana. No tenía hambre, me pasaba el día en la cama. Me dejaba post its por casa para recordarme que tenía que comer. Los viste. Te hicieron gracia.
Entonces llegó tu amiga de Valencia. De la que no me avisaste (Por supuesto.). Me avisó Daki, que dentro de quien es estaba viendo tus pasos y se preguntaba como cojones podía alguien ser tan jodidamente monstruoso. Y me sacó de ahí. Tu me habrías dejado comérmelo sin ninguna explicación. Seguramente te habrías enfadado si no te hubiera sonreído al presentármela, me habrías dicho "No te llevas bien con ninguna mujer". No Salva, no me llevaba bien con nadie a quien te follaras en mi cara. Por mucho que te sorprenda.
No obstante, ahí empecé a pensar que no tenía amigas porque no las merecía. Porque no sabía tratar con ellas. Lo que era en parte verdad, pero había otra enorme parte en este asunto, la parte en la que convertías en contrincantes a cualquier mujer a la que conociéramos. Porque Salva no puede guardarse la polla ni 20 minutos si hay alguien delante que tenga dos piernas y pueda querer abrirlas para él.
Y te fuiste a Barna, y empezaste con Ale, y una vez más no me dijiste nada. Es curioso que toda tu defensa en este asunto se haya basado siempre en que no me comuniqué contigo cuando desde el principio fuiste un mentiroso de campeonato. No era que no quisieras decirme lo que hacías, era que no te convenía. Pero una vez más la loca era yo "La he conocido hace dos días." Dos semanas hacía que os veíais, dos semanas en las que me dijiste que todo iba bien, que estabas deseando que subiese a Barna a verte. Dos semanas en las que una vez más te dio absolutamente igual lo que yo pudiera sentir.
Y nos juntaste a las dos. Con dos cojones. ¿Para qué? Para lo obvio. Y te salió el tiro por la culata, porque lejos de competir por ti nos aliamos. Porque ahí donde lo ves cuando le pasas por encima a una mujer esta no se enemista porque sí con las mujeres que la rodean, sino que monta un ariete para sobrevivirte.
Así que te revolviste contra nosotras, hiciste llorar a Ale, la machacaste delante de mí, lo intentaste conmigo, ya estaba amaestrada después de todo. Pero ese día no. No después de ver lo que le hiciste.
Que le mandaste un whatsapp de que la dejabas porque te apetecía follar conmigo ¿Se puede ser más ruin? Nos vieron en el bar y al entrar nos preguntaron, éramos dos chicas llorando, la pregunta era natural. Así que se lo conté. Les conté de donde venía y lo que había pasado. Por encima, siempre desde la perspectiva de la tirana, de la carga que yo suponía para ti. Porque ahí ya me habías anulado. Ahí yo ya no tenía fuerzas para seguir siendo yo.
Y te sorprenderá, pero les pareciste un monstruo. Y no lo creyeron por lo que yo les dijera, lo creyeron porque esa noche te vieron, te escucharon, y cualquiera (excepto tu) que te viera esa noche sabría lo que eras. Cualquier a quien sencillamente le dijeras que habías juntado a tu ex, a la que acababas de dejar para follarte a la otra y a esa otra en un mismo bar te diría que eres un grandísimo hijo de puta, independientemente de la cantidad de mierda que hubo después, que ya fue de puta traca.
Y seguimos adelante, y me pediste espacio y luego apareciste de la nada "Me he dado cuenta de que te quiero". Vaya. Salta a la vista.
Y renuncié a darle una oportunidad a Gerard, y te creí. Una vez más. Pero esa vez, rota, vacía e incapaz de verme como un ser humano que merecía cariño, respeto y amor sencillamente no pude más. Era demasiado. Dolía demasiado. Eran muchos "No se debe haber dado cuenta" a tus espaldas. Era ya por aquel entonces absurdo.
Pero volviste a rondarme, y arremetiste contra mi pareja, y me prohibiste coincidir con él y me obligaste a decidir entre ambos. Sabiendo claro que la sartén por el mango la tenías tú. Me presionaste y manipulaste mi relación con él Y una vez más, mis consecuencias te dieron absolutamente igual.
Y lo dejé con él, porque tenía que hacerlo, porque no tenía sentido, y ahí seguiste. Presente pero inconstante, presumiendo la vida que tenías pero jamás invitándome a vivirla. Porque todos sabíamos que si entraba ahí y te delataba tu juego acabaría. No tenías miedo de que contase mierda a tus espaldas, tenías miedo de que contara la verdad. Te daba pánico. Lógico.
Pero eso no me lo dijiste, por supuesto. Tu me dijiste que yo quería joderte la vida, que siempre andaba poniendo a la gente en tu contra. Y así. Me silenciaste. Así me creí que pedir ayuda era cruel, que si hablaba de lo que me hiciste te estaba traicionando. Así me aislaste.
Llegó verano y todo el mundo se puso en tu contra. Tu dijiste que nadie entendía como te sentías, que nadie te tenía en cuenta y que habían hecho un complot contra ti. Y de nuevo, te creí. Y te apoyé aunque no me contases nada, aunque jamás confiases en mí para contarme nada.
Hasta que me enteré de que te habías follado a dos gemelas, que previamente te advirtieron al respecto de las consecuencias que eso tendría para ellas, que habías meado entre las piernas de la pareja de Ori y otras tantas perlas más.
Y te cabreaste. Porque sabías que te había descubierto, y sabías que las dos personas a las que más controlabas hasta la fecha nos habíamos conocido, y ya no estábamos solos frente a tu yugo. Y eso te acojonó vivo. Te acojonó vivo que nos quisiéramos. Que te abandonáramos, como habría hecho cualquier persona que se quisiera un poco. Pero a nosotros de eso ya no nos quedaba.
Aún así volvimos a coincidir, después de que mi vida volviera a estar patas arriba. Y empezamos a estar juntos, Yo contigo y tu con Van y con quien se quisiera apuntar.
Me pediste que ambos tuviéramos a otras personas, para quitarte peso (Eso dijiste, que huevazos.) y conocí a Mateo. Y nos acostamos y fue una pasada.
Y cuando te lo dije te cabreaste. Por algo que no tenía nada que ver con ello, desde luego. Que evidentemente, era culpa mía. Culpa de mi dependencia, de mis demandas constantes de cariño y atención. Era mi culpa por intentar sacar la cabeza a flote, por seguirme dando de ostias, aún con el cuerpo en carne viva. Era culpa mía por no subyugarme.
Y no podía mencionarse a Mateo, y no podíamos coincidir si yo no estaba encima tuyo, porque enloquecías. Arremetías contra mí, se te iba de las jodidas manos. Y él se fue de tu casa y yo dejé de hablar con él ¿Porque ya qué otra opción tenía?
Y cuarentena, y tu ligando con otra chica, a la que me atrevo a suponer que destrozaste, porque supongo que esto lo sabes ¿No? Te has pasado los últimos años de tu vida destrozando mujeres.
Pero aguanté, me lo propuse, lo intenté de todas las formas que supe. En casa Panda y Alba me alagaron, me dijeron que me estaba tomando muy bien todo aquello, que no parecía una situación fácil de gestionar. Ay si ellos hubieran sabido de donde venía... Pero claro no podía contárselo. Decir la verdad, como siempre, era traicionarte.
Salimos de cuarentena y yo salí más fuerte, más consciente y empecé a plantarte cara y entonces fue cuando el sexo cobró ese tono horroroso que aún recuerdo tan bien. No lo sabía entonces pero habías empezado a violarme. Porque déjame que te diga algo, cuando destrozas la autoestima de alguien hasta el punto en que ya ni siquiera se plantea si ese polvo le apetece o no, simplemente ha de hacerlo porque eso es lo que aporta y lo que se busca en ella, eso amigo mío, es violación. Pero incluso con eso de lado, me negué varias veces, me agredías entre risas, me aplastabas el pecho con las rodillas mientras me decías que que no valía nada y cuando después de eso lloraba me tratabas de débil.
Y así destruiste mi negativa. Destruiste mi poder de decisión, mi opción a decir "no".
Y llegó esa fiesta en la Pirata, y yo me moría de ansiedad, y te pedí ayuda y me ignoraste todas las putas veces. Y me fui sola, pensé que me moría, no podía respirar y te pedí ayuda de nuevo. Tardaste 30 minutos porque por el camino te desviaste a buscar un puto vino.
El camino a casa fue terrorífico, pero eso no te impidió pararte a escribir en las paredes o decir que íbamos a tu casa en vez de a la mía, porque claro, ¿para qué querré yo tener mi puto espacio seguro?
Y ese día, con dos kilos de ansiedad encima llegamos a tu casa y querías follar, y te dije que no, y forcejeamos y acabamos follando, o mejor dicho, acabaste violándome. Y al día siguiente cuando te dije que teníamos que hablar de ello, que no podía seguir así literalmente me dijiste " Va, pero si eso es lo que te gusta".
¿Cómo coño te atreviste?
Y volvimos a la cantinela de Salva quiere follar con más gente, así que me armé de valor y volví a quedar con Mateo. Que me dio la noche más tranquila y bonita que tuve en los últimos 6 años. Una persona que no me conocía de nada supo cuidar de mí como alguien que decía quererme no lo hizo en 6 años. Y ahí entendí que se había acabado.
Fue esa noche cuando me acosté con Mateo, cuando me di cuenta de que no me acariciabas cuando follábamos, que no me abrazabas, que no me preguntabas "¿Bien?"
Recuerdo que cuando me preguntó eso, en medio del polvo y no entendí nada ¿Cómo podía parar en medio de aquello porque hubiera pensado que algo que hacía podía no gustarme? Y ahí lo supe. Porque si quieres a alguien, aunque solo sea un puto poco te paras a ver si lo que haces le está haciendo daño.
Y todo se desbloqueó. Nunca me quisiste. No más que a ti mismo. Me querías cerca, me querías disponible, me querías queriéndote. Pero nunca me quisiste a mí.
Y conseguí recomponerme de mis cenizas, y conseguí dejarte, Y tuviste los cojones de decirme que te estaba dejando porque como siempre había encontrado otra rama a la que agarrarme. No Salva. Te dejé porque no quedaba nada más de mí que pudieras quemarme. Te dejé porque una persona preciosa a la que a penas conocía me vio en un momento vulnerable y en vez de machacarme me abrazó. Te dejé porque acabé entendiendo que me hiciste polvo.
Te pedí distancia y al mudarme de repente te apetecía mucho quedar con Deivid y Ori, y te volviste a colar en mi vida. Con tus chistecitos, tus salidas de tono, tus cachetes en el culo (Solo cuando Mateo no estaba, por supuesto, no me respetas a mi, sino a él.), tus desacreditaciones y tus mierdas que se movían una vez más para intentar tirarme al suelo.
Pero ya no estaba sola en esto. Ya no te creía. Pude contar esta historia a mi pareja sin sentirme culpable y por primera vez en años me sentí segura y fuerte como para hacerte frente.
Y dios sabe que lo he intentado, y he aguantado que te cueles en mi habitación a tus anchas y que abuses de mi hospitalidad y de mi confianza y que me desacredites cada vez que algo no va bien en mi casa. Siempre intentando que dude, siempre intentando que baje la puta guardia.
Pero ya no tienes poder aquí, Salva. Ahora cuando te las das de listo te paro los pies, cuando te sales de tono te suelto una pulla y cuando percibo tus intentos te saco las uñas.
Y eso no te gusta.
Y me preguntas por qué actúo así. Por qué emprendo esta cruzada en contra tuya. Por qué me defiendo con tanta virulencia.
Pues bien, lo hago porque me quitaste la confianza en mi misma, mi valor, me quitaste mi amor propio, me quitaste el libre albedrío, mi idea del amor, mi poder de decisión y mis ganas de vivir.
Lo hago porque no vas a volver a dar un paso más que te sirva como premisa para volver a hacerme daño.
Lo hago y no voy a disculparme por como consigo arreglar aquello que tu rompiste.
Ana del futuro: Cada vez que sientas la tentación de hablar con él, que la sentirás, porque los malos recuerdos se van olvidando y resurge un recuerdo más amable y más romántico. Cada vez que sientas esa tentación. CADA-VEZ-QUE-LA-SIENTAS vuelve aquí. Recuerda lo que has olvidado y ubícate.
Si te quieres no volverás.
No hay comentarios:
Publicar un comentario