sábado, 4 de abril de 2026

Devuélvemelo

 Juro que hay casi algos que se llevan casi todo de ti. Que te remueven la vida entera en unos días, y luego se marchan dejándote la casa del revés, la mirada perdida y el alma rasgada, como un vestido de novia que se destripa antes de llegar al altar. Como una carta que se rompe y nunca se llega a enviar. Como un pájaro que eclosionó el huevo demasiado temprano y murió sin haber siquiera volado.

Hay casi algos que llegan pisando tu suelo sabiéndolo propio, se dejan caer en tus sábanas y te enseñan a reir de forma diferente, a ser otra persona, a habitar el mundo como no lo habías hecho antes. Te enseñan a bailar, cogen el arte que siempre has dominado y lo transforman sin a penas saberlo. 

Hay casi algos que tienen mirada triste pero sonríen de todos modos. Aprendieron a luchar contra todo y ahora son guerreros versados en cada batalla que pudiera derrivar a cualquier otro. Flotan por el mundo, con tu felicidad en sus manos, tu placer en su pelo y tu magia en su cuerpo.

Y se lo llevan lejos,

Y te quedas sentada en la cama en la que ayer fuiste feliz. Aún conserva su olor y la huella de su espalda. Miras a ambos lados pero él ya se ha ido. Y ya no queda nada, no quedan los susurros, ni la media sonrisa pícara, ni las bromas a las cinco de la mañana. Todo se ha ido con él.

Y la idea de que no vuelva te enloquece, casi puedes ver como la habitación empieza a desdibujarse, todo lo que creías saber desaparece, se evapora frente a tus ojos. Ayer eras feliz y hoy quieres morirte.

Así, casi sin darte cuenta, ya no estás.

La persona que eras antes de que él apareciera, la que tenía la seguridad por bandera, la valiente, la que se ilusionaba con las pequeñas cosas. Ya no está, se la llevó. Ya no estás.

Es curioso como siempre confío en mis mapas, hasta que decido entregarle la brújula a la sonrisa de alguien que llega a tiempo a todas las citas en las que no le espero yo.

jueves, 25 de diciembre de 2025

Mi reliquia

 Todo comenzó escuchando a Rosalía, concretamente "Reliquia". Llegó a mis oídos y en las tripas se empezó a revolver algo. Uno de esos monstruos que van haciendo ruido por debajo, rompiendo cosas, mordiendo nervios.

Creí que estaba bajo control y entonces murió Robe, y me vine abajo. No por su muerte, sino por la muerte de mi infancia y mi adolescencia. Su muerte fue la excusa perfecta para volver a escuchar Extremoduro y Marea. De repente volví a la época de las pellas, de los largos paseos por la playa, del poder de tres. Las primeras veces que me colé en un parque cerrado, escapando de casa, rompiendo cada cadena que se me intentaba imponer. La época del grito y del rap, de recorrer Barcelona sentada en el manillar de una bici que iba demasiado rápido. La de los videojuegos y los besos a escondidas. 

De repente recordé que alguien grabó con una navaja mi nombre en la madera de su cama, y se me antojó el acto de amor más grande del mundo.

Mientras pensaba en aquellos años, sin venir a cuento encontré la autobiagrofía de Patti Smith "Éramos unos niños" se llama, y al terminarla rompí a llorar, sin saber por qué. Y entonces me di cuenta. Cuando estalló la primera burbuja de cariño y calor, llegó a enfriarme la cerveza, y a moverme el rock. La madera de aquella cama se difuminó en mi recuerdo y aparecieron las primeras luces de neón, las noches eternas y con ellas Madrid. Es verdad que no era Nueva York, Patti... Pero no puedo evitar entenderte de todos modos.

Allí nació mi arte, el de verdad. Y nació también mi segunda familia, la más infalible que he tenido nunca, pero también llegó el primer gran amor, y por consiguiente la primera catástrofe. Yo no lo sabía entonces, pero estaba viviendo uno de los periodos más intensos de mi vida. Tardaría años en volver a amar con esa intensidad y mi mundo nunca volvería a correr tan rápido. Llegaron los amaneceres en los tejados de Lavapiés, las risas desbocadas, y el humo. Los días pasaban volando, tenía la sensación de trasformarme a cada minuto. Encontré una corriente ascendente que brillaba más de lo que yo nunca hubiera visto, quizá más incluso de lo que he visto nunca a día de hoy. Brillaba tanto, que durante muchos años me olvidé de cuanto quemaba su fuego, e igual que Ícaro acabé cayendo. Fue la época de apretar el paso, de la supervivencia, el hambre y el frío. Pero también la del nacimiento de algo enorme que ya no moriría nunca, mis alas y mi hambre por ser algo más de lo que era.

Tengo la impresión de que abandoné esa ciudad en carne viva.

Y así llegó la anarquía, las manis y las raves. La gente mide la pandemia en días, yo la medí en gramos. Me envolví de tekno y me enamoré de alguien de un modo distinto al que nunca lo hice antes, alguien que bailaba como si tuviera una jauría de lobos aullándole dentro. Quizá me enamoré así porque reconocí el aullido. Yo también soy hogar de esa jauría. Era imposible mirarlo sin volver a Madrid, sin verme reflejada en cada una de sus caras, sin querer quedarme para siempre. Como era imposible tocarlo sin salir ardiendo.

Todo ese viaje tuvo un fin, el mismo fin que tuvo para Rosalía, el mismo que tuvo para Robe y para Patti. Teníamos que ser otra cosa, algo más que todo ese ruido.Pero que extraño es eso de haber vivido dos vidas. De haber sido tantas cosas y haber acabado siendo algo tan distinto a todo lo que fuiste antes. Que difícil de conciliar el vivir en un mundo que no pisaste siendo niña. Como si la verdadera aventura la hubiera vivido otra persona. Como si hubiera salido corriendo de una cueva y ahora me quemara la luz.

¿Dónde quedaron las noches de sexo, mimos y speed, las raves a la luz de la luna en el solsticio de verano, la épica de los grupos irrompibles de amigos en medio del invierno más frío de todos los tiempos? ¿Dónde quedó el contarnos secretos mientras el resto dormían a nuestro lado? ¿Dónde quedó el bailar viendo salir el sol? ¿Dónde quedó la rabia incontenible que salía en forma de arte por cada poro de nuestra piel? ¿Dónde quedó la madera de la cama con mi nombre? 

Me pregunto si Rosalía, Robe y Patti lo echan de menos aún. O si soy solo yo


jueves, 17 de julio de 2025

Como todo lo demás

 No sabes como me apena que quizá nunca lo sepas.

Quizá nunca sepas que en este mundo hubo alguien que te vio con todas tus máscaras. las que mostraste y las que nunca tuviste. Las que fuiste y las que no llegaste a inventar. Hubo alguien que vio tus ojos de avellana en cada esquina de una ciudad que dejó de ser ciudad cuando tu te fuiste. Para convertirse en ruinas.

Tengo la peligrosa sensación de que no importa el tiempo que pase desde la última vez que te vi hasta el día en que me encuentre. No importa que pasen meses, décadas, vidas. Seguirá habiendo un vacío con tu nombre en todas partes. El fuego que encendiste te siguió cuando te fuiste, y desde entonces hace frío.

Tal vez nunca sepas que empecé a creer en la magia porque te conocí. Pusiste mi mundo patas arriba, entre gritos, miedo y ausencias. Borrascas de pasión y ternura se adherían a mi piel. Para no marcharse nunca.
Para no olvidarse nunca. Para no arrancarse nunca.

Jamás tuvo sentido que viera lo que veía cuando te miraba. Nadie más lo veía conmigo. Era como contemplar un espejismo. En cierto modo eso es lo que siempre has sido. No estoy segura de haberte conocido en ningún momento que pasamos juntos. Especialmente ahora que llevo más tiempo sin tí del que estuve contigo, me doy cuenta de que quien vive en mi mente es más invento que acierto. Es probable que este hombre que me seduce en mi mente todas las noches en que bebo más de una cerveza ya no se parezca en absolutamente nada a la persona que eres.

Es probable. Me digo. Y permito que me inunde mi propia mentira. La más bella que nunca he creado. Con tu espalda perfecta, la curva que me aprendí de memoria, la forma recta de tus caderas, la dureza de tu barbilla, la espesura de tu pelo. Y tu sonrisa. Que me muera aquí mismo si es mentira esa sonrisa que recuerdo. 

Me digo que eres unos versos en un cascarón hermoso. Unos versos que tu no escribiste. Aunque se reciten con tu voz. Tu jamás me escribiste nada, es posible que a lo largo del tiempo también haya inventado tu profundidad. Quizá nunca lo fuiste. Quizá no me sujetaste sollozando por las noches. Quizá no existieron tus manos firmes rodeando mi cintura en las noches de luna llena. Al fin y al cabo ¿Acaso bailamos juntos alguna vez? Ya no estoy segura. Lo he imaginado tantas veces que ya no sé si fue verdad. Tal vez solo fuera un deseo que nunca cumplimos. 

Como todo lo demás.

miércoles, 6 de marzo de 2024

Las cosas que nunca te dije

¿Sabes? Hay cosas que nunca te he dicho. Y no ha sido porque no quisiera que las supieras, sino por el puro vértigo de qué pasaría si te las dijera. Toda mi vida he tenido un palacio mental con habitaciones secretas que no muestro a nadie, porque si a mí me asusta esa intensidad si se la muestro a alguien lo más probable es que salga corriendo.

Pero no tienes cara de ir a salir corriendo. 

Y quizá sería una pena guardarme esto solo para mí y no decírtelo nunca. 

Así que hoy quiero regalarte una llave al corazón de esto que somos, en una de las habitaciones más profundas de mi pensamiento.

No te dije que fuiste mi única pareja de la que nunca supe decir nada malo, tampoco te dije que una de las primeras veces que trabajé la culpa fue contigo. Ni te dije que eso marcó un antes y un después en como trataba a las personas.

No te dije que lloré con el primer podcast que me enviaste porque me desbordaba la felicidad que sentía.

No te dije que me pegaste la palabra "Sema" y nunca dejé de decirla.

No te dije lo inmenso que fue para mí salir de rave contigo, no te hablé del tiempo que llevaba persiguiendo eso que yo sabía que era posible pero nadie había sabido darme hasta entonces. 

No te dije cuantas veces te dije "Te quiero" en mi mente antes de atreverme a verbalizarlo.

No te dije que "Antes de morirme" para mí fue lo primero que nació del nosotros que somos ahora. Y dudo mucho que haya mejor intro que esa para una historia de amor.

No te dije que todas y cada una de las veces que me enfadé contigo en realidad estaba muerta de miedo.

No te dije cuanto sufrí por el temor a hacerte daño de nuevo los primeros días que volvimos a vernos.

No te dije que cuando volviste a hablarme te propuse hacer un café porque llevaba tiempo pensando en ti.

No te dije que hace años cuando mi psicóloga me preguntó quien era para mí un hombre al que aspirara fue a esta nueva versión tuya lo que describí.

No te dije que llevaba años sin a penas maquillarme pero que cuando volví a verte volvió a apetecerme mimarme y verme más bonita.

No te dije que solo una semana antes de que volvieras escribí que por fin me sentía lista para una relación de verdad.

No te dije que había ropa que hacía mucho que no usaba y de repente me apeteció ponérmela para ti.

No te dije que cuando empezamos mi ansiedad volvió con fuerza y se sintió como el riesgo más grande de mi vida, pero lo que sentía contigo logró ser más grande que todo eso y en menos de un mes eras la persona con quien sentía más paz.

No te dije que mientras meditaba le hablé a mi padre de ti.

No te dije que te propuse que dejaras algo de ropa en mi casa para poder dormir con ella puesta en las noches malas.

No te dije que a veces me nace toda la valentía de que tú me estés mirando.

No te dije que me moría de ganas de preguntarles por ti a las cartas pero preferí conocerte antes que deducirte.

No te dije que el primer día que nos vimos, después de dejarte en el ensayo volviendo a casa no podía parar de sonreir.

No te dije que es la primera vez que les hablo de una pareja a mis amigos y todos y cada uno de ellos me miran con ternura y me dicen "Quiero conocer a esta persona".

No te dije que cuando volví a ti de repente tuvo sentido todo el trayecto recorrido hasta encontrarte. Hace años solía decir que la vida no valía la pena, que nunca había estado en un momento mejor que otro anterior, que estaba yendo para abajo. Y por mucho que hubiera ratos buenos al final los baches lo tiraban todo al suelo.
Llevo un año descubriendo que no es cierto.
Pero aún así me faltaba algo, me dije a mi misma que una pareja ya no era algo que necesitara, y era cierto, no lo necesitaba. Pero no entendía, no era consciente, de cuanto puede impulsarte y sostenerte una buena pareja.
Y ahora que lo sé me doy cuenta de que siempre pude salir sola de todos los pozos en los que me caí. 

Pero que si puedo elegir, prefiero salir de los siguientes contigo.

martes, 9 de enero de 2024

Sin quererlo me caí en unos brazos.

 ¿Por qué me gustas tanto? La pregunta es razonable, y me nace decir que no lo sé, que me gustaría pensarlo, y aún así, aquí estoy, casi al borde del quebranto.

Me gustas porque sí, no tengo ni que pensarlo, me tumbo entre tus brazos y por fin me siento a salvo. Y podríamos pensar que eso es poco, que quizá se queda corto, pero espera, deja que te cuente lo que pasa en ese abrazo.

Cuando estoy contra tu pecho a veces hablas, me miras y no importa donde estemos, de repente estoy en casa, en una de esas con chimenea, con camas deshechas, libros, plantas y la lluvia que golpetea fuera.

Me aprietas contra tu cuerpo y pienso que contienes todos y cada uno de mis huesos, los devuelves a su sitio, y por primera vez en mucho tiempo se me relaja el cuerpo, y entiendo que de alguna forma el amor siempre fue esto, este pequeño segundo en que entiendo que te quiero. Y entonces te miro, te me adelantas y me dices que me quieres, y me miras y también yo te lo digo, y sonríes, y sonrío.

Y por un momento todo en este mundo vuelve a tener sentido. Y veo todo aquello que podemos ser y aún no hemos sido. Me tiemblan las piernas, lo notas y me estrechas con más fuerza, como si la injusticia de caerme se te antojara inmensa. Me inunda tu olor, me desarma, me anestesia, y para cuando me quiero dar cuenta ya ha llegado el autobús.

Es por eso que me gustas, pero si te queda algo de tiempo, deja que también te diga, ya que estoy por qué te quiero.

Puede que resulte más difícil de lo que me pienso.

Te quiero por como me tocas, por como caminas, por como me provocas. Te quiero porque no te da miedo decirme que me quieres, aún con miedo, con pasado, con heridas, con riesgo. Me quieres. Y tus manos me recorren buscando nuevas formas de quererme, de conocerme, de descifrarme de acariciarme. Como si nadie antes lo hubiera hecho jamás. Como si quisieras beberte mi cuerpo. Como si estuvieras dispuesto a dejarme sin mi aliento para que naciera el nuestro.

Te quiero por el arte que destilas, por el brillo que ilumina cada cueva oscura de mi vida. Te quiero porque te muestras tal como eres, aunque a ti no siempre te guste, aún sin la certeza de que a mí me gusta siempre.

Te quiero porque me haces reír, pero no es solo la risa, son las ganas que tienes de hacerme feliz, es como me miras, como sabiendo que te asomas a algo inmenso y lejos de asustarte te quedas medio traspuesto y pones esos ojos que me apagan los incendios, me mecen y me vienen unas ganas imparables de reescribir los planes, de rendirme a cada una de las cosas que me dices o me cantas o me escribes.

Porque no me hagas hablarte de tu voz. De eso hablamos otro día. Y al menos por ahora espero que hasta aquí te sirva, y que sepas en que pienso si parece que a destiempo me fundo en tu calor.



jueves, 14 de diciembre de 2023

A tomar viento.

Permitidme dos minutos de no poner buena cara.

Me dijeron de pequeña que a mayor sacrificio más se gana, pero hoy que ya he crecido, las normas no están tan claras.

He perdido la cuenta de las veces que he hecho lo correcto, lo difícil, lo que mata de tormento, he visto a gente mirarme asustada, no entendiendo como era posible. No lo sé señora, yo tampoco sé decirle.

Y sin embargo a penas te levantas ya te tumba la siguiente. Es absurdo, os lo prometo, no sé quien es el titiritero que mueve los hilos del destino, pero lo que sí sé, es que ese hijo de puta solo premia al que está quieto. Ni activo, ni valiente, ni despierto, ni consciente. "¿Despiertas? Espera espera, que te mando otra pelea"

 Parece que a la vida solo le interese matarte. Destrozarte. Reventarte. Desmotivarte hasta que entiendas que todas esas luchas solo buscaron amputarte hasta el más mínimo atisbo de brillo que quedara sin blindarse.

No sé cuantos inviernos llevo ya ardiendo. Y me digo a mi misma que este fuego no lo apagarán dos mil ventiscas ni todos los vientos helados del norte, pero también sé que a mi misma ya nadie me miente. Ni siquiera alguien que mantenga mi expediente. Que de allí de donde salgo nadie sigue la corriente, y sin embargo todos pierden.

Ya me dirás quien aguanta este ritmo entre los dientes.

Os lo adelanto ya, os hago spoiler, el premio por levantarte es que vuelvan a tumbarte

Quizá llevo demasiado tiempo sin saber lo que se siente al estar cuerdo. Quizá hace demasiado frío ya aquí dentro. Pero estoy hasta los huevos. No me quedan ganas para sentirme apátrida de nuevo y sin embargo. Sin embargo.

Ya solo me mueve el fuego. Quiero encontrarlo. Encontrar el juguetero que se ríe de mis desvelos y tirarlo veinte minutos a mi terreno de juego. 

A ver como te sienta medio sorbo de tu jodido veneno. 

lunes, 4 de diciembre de 2023

Ojalá que seas tú.

 No sé por qué pasa ni de qué depende, pero hay noches en que sin previo aviso empiezo a imaginarte, a ti que algún día lo serás todo pero que hoy aún no eres nadie.

Y me invento tus ojos hechos de guerra y tus manos llenas de tierra dibujando un mapa ficticio en mis caderas. Fantaseo con tu olor y pienso, que quizá recuerde al de ese libro que he leído cientos de veces, ese que siempre que lo abro me devuelve al mar.

Te pienso lejano y ausente, como tratando de justificar que aún no tengas nombre. Y me pregunto si ahí donde te encuentres te ilumina esta misma luna inerte, si serás más de estrellas o de soles, si le cantas a la vida o si todavía le gruñes.

No sé quien eres y aún así te extraño, te extraño como sabiendo el valor exacto que supone tu ausencia. Como si siempre hubieras estado aquí o nunca fueras a estarlo.

Y no quisiera que te desvelaran mis pesares, pero a veces, en las noches más frías, me arropo, cierro los ojos, y tengo la sensación fugaz de saber exactamente quien quisiera que fueras. Y esa certeza me enloquece, me desarraiga de mi brújula y me reescribe los planes.

Por extraño que parezca era más fácil cuando aún podías no ser nadie, cuando todavía pensaba que ya no me cegaban las luces errantes que parecen caminar buscando un camino de vuelta al bosque.

Pero lo siguen haciendo, no hay más que verme. 

En noches como estas en las que te confundes con el crepitar de un incendio entre mis sábanas grises no me queda más que apretar los dientes, apagar las luces, amansar mi fiera, y lanzarle al viento una quimera, porque es cierto que quizás aún no sé quien eres, pero si pudiera elegir... 

Si pudiera elegir.

Ojalá que seas tú.

domingo, 27 de agosto de 2023

La noche en que llegaron las lluvias.

 A veces cuando se me estremece la vida salgo al balcón a pedirle explicaciones a la noche, y hoy el cielo estaba extraño. 

Hoy del cielo caían recuerdos, caían dudas y melancolía.

Recuerdos de días donde la vida parecía otra. Dudas sobre caminos que parecían llevar al norte y acababan como todos en la puta Roma. Melancolía porque siempre que salí a buscar a otro me acabé encontrando conmigo.

Y hoy no será diferente.

Aunque sea cierto que el ataúd ya no lo cierran los mismos clavos. Aunque en días como este en que el cielo tiene tanto que decir todo parezca un espejismo.

Hoy también me encontraré conmigo, aún saliendo sin buscar a nadie.

Creo que ahí está ese secreto del que todo el mundo habla. En que nos pasamos desapercibidos a nosotros mismos. Como la silla vacía el día de navidad, como Las lluvias de Castamere sonando tenues en una boda, como el parque en el que jugábamos cuando éramos pequeños.

Nos pasamos desapercibidos.

Buscamos desesperadamente que alguien nos mire y nos diga que somos reales, que estamos vivos.

Y nos matamos en el intento.

Y nos guardamos en un ataúd.

Y le vamos cambiando los clavos.

Sin preguntarnos si el muerto aún respira.

Nos vamos a cagar el día que se levante y nos pida explicaciones, amigos. Se nos va a caer la vida encima. Esa vida que creímos tenue nos va a borrar de un zarpazo. Directo, preciso, escorpiano.

Y nos daremos cuenta de que nunca importaron esos otros que salimos a buscar.

Solo importaba encontrarte contigo. Siempre, todas las veces, contigo. Y amarte y respetarte en la salud y en la enfermedad todos los días de tu puta vida. No digo amén porque podría salir ardiendo en el intento.

El día en que nos comprometamos con nosotros mismos os prometo que los caminos dejan de llevar a Roma.

Os lo prometo.

Por eso en días como hoy, en los que el cielo se parte, salgo sin buscar a nadie. A ver si de casualidad, esta vez no solo me encuentro.

A ver si por fin decido quedarme. Contra viento, marea y tormenta.

Conmigo.

jueves, 20 de julio de 2023

Ella que pudiendo ser veneno escogió ser la verbena

 Me escribiste una carta que me llenó de amor y no sabía como agradecértelo.

Hasta que inevitablemente me di cuenta. Obviamente debía escribirte una de vuelta :)

No sé bien por donde empezar así que ante la duda lo haré por el principio.

Cuando te conocí y me dijiste que eras una chica no lo dudé, no me creó disconformidad, no me pareció extraño. Y podríamos pensar que esto tuvo algo que ver con que soy una persona abierta de mente y que no juzga a las personas que se atreven a ser quienes son, y en parte me gusta pensar que así fue. Pero hubo algo más ahí. Algo que quizá no entendí a simple vista, pero sin duda entiendo ahora.

Encarnas totalmente a la chica que yo nunca me atreví a ser. La que cuando tenía tu edad luchaba con uñas y dientes por salir. La chica que se ríe a carcajadas y llora a lágrima viva. La que sabe exactamente como quiere vestir y le importa muy poco lo que piensen los demás.

La que evita las máscaras. 

Sé que esto puede no parecer gran cosa de buenas a primeras. Pero déjame decirte que eso es muy MUY inusual. Y yo tenía toda la genética a mi favor, tenía cierta popularidad, tenía la mano llena de cartas ganadoras, y aún así, yo no supe ser esto que tu eres hasta que mi adolescencia quedó muy lejos. 

Hasta que el miedo quedó muy lejos.

Tu muestras quien eres hoy, que todavía se te agarran los miedos a la garganta. Muestras quien eres contra viento y marea, contra insultos y malas miradas, contra todo lo que se te ponga por delante. Porque eres una maldita fuerza de la naturaleza. Eres una fuente de energía que no puede parar de crear y de crearse a si misma.

Tú cogiste tus cartas y las vendiste todas para comprarte un vestido y salir a la calle. 

Si eso no es ser una mujer fuerte y poderosa no sé que puede serlo.

Porque el mundo está lleno de mujeres que nacen con el cuerpo que tu anhelas y lo lloran y lo desprecian y menosprecian. Pero ese cuerpo tu lo estás conquistando. Lo estás abrazando. Lo estás trayendo de vuelta hasta ti. 

Así que si algún día dudas de nuevo de si mereces o no ser la mujer que eres y serás. Recuerda que has puesto en juego mucho más que la mayoría. Que has luchado por ello más que la mayoría. Que lo has tenido mucho más lejos que la mayoría y aún así has cruzado infiernos para hacerlo tuyo. Lo has luchado todo. Y un día quizá no muy lejano también lo ganarás todo. 

Porque ante todo eres eso. Una fuerza imparable.

Y me podría quedar ahí, pero no quiero.

No quiero que pienses que "solo" eres eso.

No solo eres una superviviente.

También eres una fuente inagotable de amor y compasión por el mundo que no creo que estés parándote a mirar. Al menos no lo suficiente.

Cuando me escribiste que te dabas cuenta de que no habías estado ahí para mí no pude más que sonreír.

Porque claro que has estado ahí para mí, Elena. Has estado siempre, desde el principio. Desde el primer día en que hablé contigo fuiste la bondad que yo no siempre sé ser. Me enseñaste una comprensión y una pureza que a mi me era ajena. Que no es común, Elena, no lo es para nada.

Y habrá quien diga que esa forma tan tuya de ser es demasiado débil, demasiado blandita. Yo creo que no hay nada más valiente que vivir sin la coraza puesta, sin el juicio en la boca, sin los puños cerrados.

Es imposible estar contigo y no sentir paz. Cualquiera que te vea y te conozca se sentirá en casa, se sentirá a salvo y seguro. No tengo miedo de ser yo cuando estoy contigo. Ahí está tu inmenso don. Cerca tuyo se abre un espacio invisible en el que cualquiera puede ser quien es y sentirse cobijado, comprendido, consolado, aceptado y amado. Contagias tu vulnerabilidad y amor allá donde vas. Llenas los espacios vacíos de ternura.

¿Cómo no ibas a ser una gran mujer?

Si ya has entendido más que muchas de nosotras.

Te quiero :)




martes, 18 de julio de 2023

La osadía de brillar en la tormenta.

 Suelo escribir cartas cuando sano el enfado que me produce una relación o un desastre o un duelo. 

A veces de hecho, todas son lo mismo.

Pero hoy quiero hacer algo diferente porque me ha parecido que te lo mereces, y siempre me ha nacido el rollo ese de la justicia poética. 

No soy poeta ni justiciera pero dicen que soy buena leyendo a las personas.

Y quizá sino hoy algún día en que te mires al espejo y no te veas te venga bien saber que alguien sí te ve.

Así que esta carta es un recurso. Esta carta es una voz en tu conciencia a la que siempre podrás volver.

No se moverá de aquí, ni yo tampoco :)

No eres una persona corriente. Creo que eso ya lo sabías, pero quizás no entiendas las cosas que te diferencian para bien. Creo que eres una experta en ver tus sombras y eso es algo que admiro profundamente pero a veces no se te da tan bien ver tus luces. Y para eso estoy aquí.

Hay personas que se diferencian del resto porque se salen de lo predecible. Y tienes parte de eso, pero necesito que entiendas a qué me refiero cuando digo "diferente".

Diferente en tu caso es la potencia de cien tormentas que no cesan en su envite hasta que sale el sol. Y por ello el sol se siente más cálido, más valiente, más sereno. Eres ambas fuerzas y las manejas sin a penas saberlo, sin a penas pretenderlo ni negociarlo.

La fuerza y la serenidad forman parte de ti y sabes exponerlas, compartirlas, co crearlas. No eres caos puro y ahí radica la belleza de tu esencia.

Ves tu caos porque te enseñaron a verlo, nadie señaló tu ternura ni tu compasión ni tu cariño.

Pero están ahí y laten con una intensidad que es difícil dejar de mirar.

Entiendo que te mueve la fuerza del deseo, ¿y como no iba a moverte? Siendo la poderosísima mujer que eres.

Pero no eres solamente eso. Nunca lo fuiste.

Hay un hogar en ti que ofreces al mundo. Un espacio seguro al que creo que pocos tienen acceso y que por extraño que te pueda sonar, muchos matarían por encontrar. Muchos mueren sin encontrar.

Creo que eres el sueño de muchas personas que aún ni conoces. Y creo que si no las conoces aún es porque tu has olvidado que puedes ser eso. Que ya eres eso. Que ya te pertenece.

Como sé que un día te mirarás al espejo, con un niño en brazos llena de amor y de miedo a partes iguales y entonces sabrás que de hecho sí. Siempre fuiste todo eso. Siempre podrás ser todo aquello que te propongas, e incluso te sorprenderás de acabar siendo cosas que ni sospechabas que serías.

Pero seas quien seas, nunca serás solo tu caos, ni solo el deseo ni solo aquello que otros te pidieron que fueras.

Pase lo que pase siempre habrá ahí dentro el alma de la niña radiante, llena de curiosidad y afecto que sonríe a la cara de las pesadillas y que alumbra los rincones más oscuros de este mundo.

Para mí siempre fuiste eso. No lo dudé ni un momento.

En mi móvil no estás guardada como Raquel, sino como Ra. Porque si tu no gobiernas el sol no sé quien carajo lo hace.

Así que cada vez que el brillo de alguien trate de apagar el tuyo recuerda que no naciste para ser contenida sino para ser vista, comprendida y amada.

Quien no haya entendido eso quizá debió buscarse a una del montón.

Gracias por ser mi amiga, mi confidente y mi maestra en tantos ámbitos de mi vida. Me has enseñado a ser mejor pareja, mejor profe, y no me cabe duda, algún día una mejor madre. 

Que nadie te convenza jamás de lo contrario.

Que nadie se atreva jamás a sugerirte lo contrario.

Eres un cambio en el mundo de quienes te rodean.

Y quien no tome eso tan valioso que eres... Tía, que se joda.

Te quiero :)