No sabes como me apena que quizá nunca lo sepas.
Quizá nunca sepas que en este mundo hubo alguien que te vio con todas tus máscaras. las que mostraste y las que nunca tuviste. Las que fuiste y las que no llegaste a inventar. Hubo alguien que vio tus ojos de avellana en cada esquina de una ciudad que dejó de ser ciudad cuando tu te fuiste. Para convertirse en ruinas.
Tengo la peligrosa sensación de que no importa el tiempo que pase desde la última vez que te vi hasta el día en que me encuentre. No importa que pasen meses, décadas, vidas. Seguirá habiendo un vacío con tu nombre en todas partes. El fuego que encendiste te siguió cuando te fuiste, y desde entonces hace frío.
Tal vez nunca sepas que empecé a creer en la magia porque te conocí. Pusiste mi mundo patas arriba, entre gritos, miedo y ausencias. Borrascas de pasión y ternura se adherían a mi piel. Para no marcharse nunca.
Para no olvidarse nunca. Para no arrancarse nunca.
Jamás tuvo sentido que viera lo que veía cuando te miraba. Nadie más lo veía conmigo. Era como contemplar un espejismo. En cierto modo eso es lo que siempre has sido. No estoy segura de haberte conocido en ningún momento que pasamos juntos. Especialmente ahora que llevo más tiempo sin tí del que estuve contigo, me doy cuenta de que quien vive en mi mente es más invento que acierto. Es probable que este hombre que me seduce en mi mente todas las noches en que bebo más de una cerveza ya no se parezca en absolutamente nada a la persona que eres.
Es probable. Me digo. Y permito que me inunde mi propia mentira. La más bella que nunca he creado. Con tu espalda perfecta, la curva que me aprendí de memoria, la forma recta de tus caderas, la dureza de tu barbilla, la espesura de tu pelo. Y tu sonrisa. Que me muera aquí mismo si es mentira esa sonrisa que recuerdo.
Me digo que eres unos versos en un cascarón hermoso. Unos versos que tu no escribiste. Aunque se reciten con tu voz. Tu jamás me escribiste nada, es posible que a lo largo del tiempo también haya inventado tu profundidad. Quizá nunca lo fuiste. Quizá no me sujetaste sollozando por las noches. Quizá no existieron tus manos firmes rodeando mi cintura en las noches de luna llena. Al fin y al cabo ¿Acaso bailamos juntos alguna vez? Ya no estoy segura. Lo he imaginado tantas veces que ya no sé si fue verdad. Tal vez solo fuera un deseo que nunca cumplimos.
Como todo lo demás.