miércoles, 6 de marzo de 2024

Las cosas que nunca te dije

¿Sabes? Hay cosas que nunca te he dicho. Y no ha sido porque no quisiera que las supieras, sino por el puro vértigo de qué pasaría si te las dijera. Toda mi vida he tenido un palacio mental con habitaciones secretas que no muestro a nadie, porque si a mí me asusta esa intensidad si se la muestro a alguien lo más probable es que salga corriendo.

Pero no tienes cara de ir a salir corriendo. 

Y quizá sería una pena guardarme esto solo para mí y no decírtelo nunca. 

Así que hoy quiero regalarte una llave al corazón de esto que somos, en una de las habitaciones más profundas de mi pensamiento.

No te dije que fuiste mi única pareja de la que nunca supe decir nada malo, tampoco te dije que una de las primeras veces que trabajé la culpa fue contigo. Ni te dije que eso marcó un antes y un después en como trataba a las personas.

No te dije que lloré con el primer podcast que me enviaste porque me desbordaba la felicidad que sentía.

No te dije que me pegaste la palabra "Sema" y nunca dejé de decirla.

No te dije lo inmenso que fue para mí salir de rave contigo, no te hablé del tiempo que llevaba persiguiendo eso que yo sabía que era posible pero nadie había sabido darme hasta entonces. 

No te dije cuantas veces te dije "Te quiero" en mi mente antes de atreverme a verbalizarlo.

No te dije que "Antes de morirme" para mí fue lo primero que nació del nosotros que somos ahora. Y dudo mucho que haya mejor intro que esa para una historia de amor.

No te dije que todas y cada una de las veces que me enfadé contigo en realidad estaba muerta de miedo.

No te dije cuanto sufrí por el temor a hacerte daño de nuevo los primeros días que volvimos a vernos.

No te dije que cuando volviste a hablarme te propuse hacer un café porque llevaba tiempo pensando en ti.

No te dije que hace años cuando mi psicóloga me preguntó quien era para mí un hombre al que aspirara fue a esta nueva versión tuya lo que describí.

No te dije que llevaba años sin a penas maquillarme pero que cuando volví a verte volvió a apetecerme mimarme y verme más bonita.

No te dije que solo una semana antes de que volvieras escribí que por fin me sentía lista para una relación de verdad.

No te dije que había ropa que hacía mucho que no usaba y de repente me apeteció ponérmela para ti.

No te dije que cuando empezamos mi ansiedad volvió con fuerza y se sintió como el riesgo más grande de mi vida, pero lo que sentía contigo logró ser más grande que todo eso y en menos de un mes eras la persona con quien sentía más paz.

No te dije que mientras meditaba le hablé a mi padre de ti.

No te dije que te propuse que dejaras algo de ropa en mi casa para poder dormir con ella puesta en las noches malas.

No te dije que a veces me nace toda la valentía de que tú me estés mirando.

No te dije que me moría de ganas de preguntarles por ti a las cartas pero preferí conocerte antes que deducirte.

No te dije que el primer día que nos vimos, después de dejarte en el ensayo volviendo a casa no podía parar de sonreir.

No te dije que es la primera vez que les hablo de una pareja a mis amigos y todos y cada uno de ellos me miran con ternura y me dicen "Quiero conocer a esta persona".

No te dije que cuando volví a ti de repente tuvo sentido todo el trayecto recorrido hasta encontrarte. Hace años solía decir que la vida no valía la pena, que nunca había estado en un momento mejor que otro anterior, que estaba yendo para abajo. Y por mucho que hubiera ratos buenos al final los baches lo tiraban todo al suelo.
Llevo un año descubriendo que no es cierto.
Pero aún así me faltaba algo, me dije a mi misma que una pareja ya no era algo que necesitara, y era cierto, no lo necesitaba. Pero no entendía, no era consciente, de cuanto puede impulsarte y sostenerte una buena pareja.
Y ahora que lo sé me doy cuenta de que siempre pude salir sola de todos los pozos en los que me caí. 

Pero que si puedo elegir, prefiero salir de los siguientes contigo.

martes, 9 de enero de 2024

Sin quererlo me caí en unos brazos.

 ¿Por qué me gustas tanto? La pregunta es razonable, y me nace decir que no lo sé, que me gustaría pensarlo, y aún así, aquí estoy, casi al borde del quebranto.

Me gustas porque sí, no tengo ni que pensarlo, me tumbo entre tus brazos y por fin me siento a salvo. Y podríamos pensar que eso es poco, que quizá se queda corto, pero espera, deja que te cuente lo que pasa en ese abrazo.

Cuando estoy contra tu pecho a veces hablas, me miras y no importa donde estemos, de repente estoy en casa, en una de esas con chimenea, con camas deshechas, libros, plantas y la lluvia que golpetea fuera.

Me aprietas contra tu cuerpo y pienso que contienes todos y cada uno de mis huesos, los devuelves a su sitio, y por primera vez en mucho tiempo se me relaja el cuerpo, y entiendo que de alguna forma el amor siempre fue esto, este pequeño segundo en que entiendo que te quiero. Y entonces te miro, te me adelantas y me dices que me quieres, y me miras y también yo te lo digo, y sonríes, y sonrío.

Y por un momento todo en este mundo vuelve a tener sentido. Y veo todo aquello que podemos ser y aún no hemos sido. Me tiemblan las piernas, lo notas y me estrechas con más fuerza, como si la injusticia de caerme se te antojara inmensa. Me inunda tu olor, me desarma, me anestesia, y para cuando me quiero dar cuenta ya ha llegado el autobús.

Es por eso que me gustas, pero si te queda algo de tiempo, deja que también te diga, ya que estoy por qué te quiero.

Puede que resulte más difícil de lo que me pienso.

Te quiero por como me tocas, por como caminas, por como me provocas. Te quiero porque no te da miedo decirme que me quieres, aún con miedo, con pasado, con heridas, con riesgo. Me quieres. Y tus manos me recorren buscando nuevas formas de quererme, de conocerme, de descifrarme de acariciarme. Como si nadie antes lo hubiera hecho jamás. Como si quisieras beberte mi cuerpo. Como si estuvieras dispuesto a dejarme sin mi aliento para que naciera el nuestro.

Te quiero por el arte que destilas, por el brillo que ilumina cada cueva oscura de mi vida. Te quiero porque te muestras tal como eres, aunque a ti no siempre te guste, aún sin la certeza de que a mí me gusta siempre.

Te quiero porque me haces reír, pero no es solo la risa, son las ganas que tienes de hacerme feliz, es como me miras, como sabiendo que te asomas a algo inmenso y lejos de asustarte te quedas medio traspuesto y pones esos ojos que me apagan los incendios, me mecen y me vienen unas ganas imparables de reescribir los planes, de rendirme a cada una de las cosas que me dices o me cantas o me escribes.

Porque no me hagas hablarte de tu voz. De eso hablamos otro día. Y al menos por ahora espero que hasta aquí te sirva, y que sepas en que pienso si parece que a destiempo me fundo en tu calor.