sábado, 4 de abril de 2026

Devuélvemelo

 Juro que hay casi algos que se llevan casi todo de ti. Que te remueven la vida entera en unos días, y luego se marchan dejándote la casa del revés, la mirada perdida y el alma rasgada, como un vestido de novia que se destripa antes de llegar al altar. Como una carta que se rompe y nunca se llega a enviar. Como un pájaro que eclosionó el huevo demasiado temprano y murió sin haber siquiera volado.

Hay casi algos que llegan pisando tu suelo sabiéndolo propio, se dejan caer en tus sábanas y te enseñan a reir de forma diferente, a ser otra persona, a habitar el mundo como no lo habías hecho antes. Te enseñan a bailar, cogen el arte que siempre has dominado y lo transforman sin a penas saberlo. 

Hay casi algos que tienen mirada triste pero sonríen de todos modos. Aprendieron a luchar contra todo y ahora son guerreros versados en cada batalla que pudiera derrivar a cualquier otro. Flotan por el mundo, con tu felicidad en sus manos, tu placer en su pelo y tu magia en su cuerpo.

Y se lo llevan lejos,

Y te quedas sentada en la cama en la que ayer fuiste feliz. Aún conserva su olor y la huella de su espalda. Miras a ambos lados pero él ya se ha ido. Y ya no queda nada, no quedan los susurros, ni la media sonrisa pícara, ni las bromas a las cinco de la mañana. Todo se ha ido con él.

Y la idea de que no vuelva te enloquece, casi puedes ver como la habitación empieza a desdibujarse, todo lo que creías saber desaparece, se evapora frente a tus ojos. Ayer eras feliz y hoy quieres morirte.

Así, casi sin darte cuenta, ya no estás.

La persona que eras antes de que él apareciera, la que tenía la seguridad por bandera, la valiente, la que se ilusionaba con las pequeñas cosas. Ya no está, se la llevó. Ya no estás.

Es curioso como siempre confío en mis mapas, hasta que decido entregarle la brújula a la sonrisa de alguien que llega a tiempo a todas las citas en las que no le espero yo.