Ya no tengo coartada, ni argumentos.
No me animé a soltarte todas las mariposas que almaceno bajo el pelo, ni a regalarte las estrofas que escribo cada vez que pienso en ti.
No te dije que soy fiel a lo que siento, ni que esta distancia impuesta me causa desvelo.
Me callé las ganas de colgarme de tu cuello y de sacudirte las penas con las yemas de mis dedos.
Llámame cobarde, me lo merezco.
No me animé a soltarte todas las mariposas que almaceno bajo el pelo, ni a regalarte las estrofas que escribo cada vez que pienso en ti.
No te dije que soy fiel a lo que siento, ni que esta distancia impuesta me causa desvelo.
Me callé las ganas de colgarme de tu cuello y de sacudirte las penas con las yemas de mis dedos.
Llámame cobarde, me lo merezco.
Sobre
todo, cuando reparto miguitas de pan sobre tu alfombra y formo un camino,
largo, que va desde tu umbral hasta mi cama.
No pude hacer un pacto con el tiempo... y
vi como las agujas del reloj, lentamente
amenazaban un ocaso.
Me pregunté más de una vez si yo podría haberlo evitado; y no encontré el
motivo ni el momento en que
todo se perdió.
Tampoco recuerdo su última
mirada... esa en la que solía perderme entera.
Hubiese
eternizado su último aliento, la última huella de su risa... si hubiese
sentido que jamás regresaría...
Hoy veo desde lejos la inquietud agitada de su espíritu y puedo oler el perfume de su distancia.
Vuelvo a mirar mis manos... todavía siento su piel.
Saboreo mis labios... y su boca tibia
regresa...
Sus pasos se siguen escuchando al lado de los míos... será tal vez, mis ganas de creer
que aun sigo su camino.
Una vez más vuelvo a preguntarme... y vuelvo a castigarme...
En qué momento de esta historia de amor, llegué a perderlo todo...
Cuando fue que dejé de ser su cómplice. Cual
fue el día en que dejó de reír junto a mi.
Acaso era yo esa niña valiente que temerosa le confesó su amor?
Fui yo
quien se enfrentó con el mundo solo por estar a su lado?
Donde quedó mi fuerza...
donde quedó mi coraje para amarlo tanto...
Se que no importa que me derrumben, solo importa que vuelva a levantarme.
Yo era a veces, única dueña de sus noches... Pude meterme en sus sueños...
Acariciar su llanto y
velar su cansancio.
Yo tenía su
brillo en mis manos...
Hoy escucho su voz a lo lejos... y a veces me
cuesta entender.
Sé que
ya está lejos de aquí... Sé que ya no piensa
en mí...
Volveré entonces a esa esquina, la que fue solo mía.
Volveré a esperar
que despierte... que vuelva a mirarme.
El dolor me hace mas
fuerte...
Y tal vez mañana... quizás... sonría
al verme llegar.

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