Querida persona:
Decisiones.
Todos tomamos decisiones. Arriba abajo, derecha izquierda.
Seguir adelante, dar un paso atrás. Estas son las sencillas, las que todos
tomamos sin a penas pararnos a pensar, las que no dan dolores de cabeza y casi
nunca nos hacen llorar.
Soñar o mantenernos despiertos, tomar este tren o dejarlo
salir sin ti. Abrir una puerta o cerrarla, volar hacia algo o correr en
dirección contraria. Perseguir o dejarse atrapar. Luchar o huir. No solemos
tomar estas decisiones con una sonrisa en la cara, ni recordamos esos momentos
con cariño y nostalgia.
Pero luego están las otras. Las difíciles, las que duelen,
las que de verdad deciden en que persona te conviertes, quien quieres ser o a
donde te llevarán tus pasos.
Hablar o callar, reír o llorar, alargar la mano o guardarla
en el bolsillo, curar o herir, escuchar o ignorar, olvidar o perseguir, amar… o
dejar de amar.
Son ese tipo de encrucijadas que nos cambian la vida, que
tienen caminos que llevan a sitios muy diferentes. Que alumbran futuros que
quedan muy lejanos el uno del otro. Personas que no conoceremos, momentos que
no viviremos, sonrisas que no nacerán y seguramente lágrimas que no
derramaremos. Dejamos atrás cosas buenas y malas, renunciamos a otras vidas que
podríamos vivir, constantemente.
¿Quién no recuerda una decisión tomada que no salió como
esperábamos? ¿Quién no imagina lo que pudo ser y jamás será?
Pero aun así seguimos avanzando, escogiendo caminos. La vida
es algo así como “mírame mientras me estrello”.
No podemos evitarlo, corremos hacia algo que quizá se esfume
cuando nosotros lleguemos, pintamos mariposas cuando a veces nos encontramos
cuervos, o inventamos canciones alegres cuando nos rodean notas tristes y
frías.
Pocos nos paramos a pensar en lo caótico de nuestros mundos.
En cuantas cosas cambia realmente el aleteo de la mariposa al otro lado del
mundo ¿Podría Evan haber tenido un final feliz? ¿Había alguna alternativa? ¿Un
camino posible que se nos pasó por alto?
Hay tantas posibilidades, tantos mundos, continentes, países,
ciudades, AÑOS. ¿Cuantas probabilidades teníamos de acabar donde estamos ahora?
¿De conocer a quienes hemos conocido? De haberlos perdido. De haber cometido
los errores que hemos cometido.
¿Pero qué más da? Si como dijo Xhelazz “Solo son vidas”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario