sábado, 28 de diciembre de 2013

28/12/2013

Querida persona:

Decisiones.

Todos tomamos decisiones. Arriba abajo, derecha izquierda. Seguir adelante, dar un paso atrás. Estas son las sencillas, las que todos tomamos sin a penas pararnos a pensar, las que no dan dolores de cabeza y casi nunca nos hacen llorar.
Soñar o mantenernos despiertos, tomar este tren o dejarlo salir sin ti. Abrir una puerta o cerrarla, volar hacia algo o correr en dirección contraria. Perseguir o dejarse atrapar. Luchar o huir. No solemos tomar estas decisiones con una sonrisa en la cara, ni recordamos esos momentos con cariño y nostalgia.
Pero luego están las otras. Las difíciles, las que duelen, las que de verdad deciden en que persona te conviertes, quien quieres ser o a donde te llevarán tus pasos.
Hablar o callar, reír o llorar, alargar la mano o guardarla en el bolsillo, curar o herir, escuchar o ignorar, olvidar o perseguir, amar… o dejar de amar.

Son ese tipo de encrucijadas que nos cambian la vida, que tienen caminos que llevan a sitios muy diferentes. Que alumbran futuros que quedan muy lejanos el uno del otro. Personas que no conoceremos, momentos que no viviremos, sonrisas que no nacerán y seguramente lágrimas que no derramaremos. Dejamos atrás cosas buenas y malas, renunciamos a otras vidas que podríamos vivir, constantemente. 

¿Quién no recuerda una decisión tomada que no salió como esperábamos? ¿Quién no imagina lo que pudo ser y jamás será?
Pero aun así seguimos avanzando, escogiendo caminos. La vida es algo así como “mírame mientras me estrello”. 

No podemos evitarlo, corremos hacia algo que quizá se esfume cuando nosotros lleguemos, pintamos mariposas cuando a veces nos encontramos cuervos, o inventamos canciones alegres cuando nos rodean notas tristes y frías. 

Pocos nos paramos a pensar en lo caótico de nuestros mundos. En cuantas cosas cambia realmente el aleteo de la mariposa al otro lado del mundo ¿Podría Evan haber tenido un final feliz? ¿Había alguna alternativa? ¿Un camino posible que se nos pasó por alto?
Hay tantas posibilidades, tantos mundos, continentes, países, ciudades, AÑOS. ¿Cuantas probabilidades teníamos de acabar donde estamos ahora? ¿De conocer a quienes hemos conocido? De haberlos perdido. De haber cometido los errores que hemos cometido. 

¿Pero qué más da? Si como dijo Xhelazz “Solo son vidas”.

No hay comentarios:

Publicar un comentario