Querida persona.
Empiezo a escribir esto porque hace demasiado tiempo que no
tengo charlas conmigo misma, últimamente me he rodeado de demasiadas cosas y ya
no tengo muy claro quien soy ni lo que hago con mi vida. Supongo que he perdido
un poco el rumbo.
Mi vida siempre ha sido algo movida, he aprendido muchas
cosas a base de hacerme daño y hacer daño a los demás, tanto a las personas que
quiero y he querido como a las que no.
Nunca me he querido demasiado a decir verdad, no me he dado
demasiados motivos para ello. Hay gente que piensa que quererse o no es solo
cuestión de físico, pero para mi nunca ha sido algo tan simple. Quererse es
sobre amar la razón por la que vivimos, las decisiones que tomamos, las
personas que dejamos entrar en nuestra vida o las vidas de las que formamos
parte. Todas esas cosas me han colocado en la situación que estoy ahora.
He mentido, muchas veces, algunas mentiras han sido piadosas
y otras no. No siempre han sido para hacer bien a los demás, algunas han sido
para beneficio mio, o incluso por cobardía. No tengo miedo de admitirlo porque
sé que seguiré mintiendo. He herido a mucha gente, incluso he destrozado alguna
que otra vida, es cierto que esas concretamente no fueron por voluntad propia,
pero ¿desde cuando eso ha justificado nada? He provocado pesadillas, he
abandonado a gente por el camino, gente que valía la pena, gente irremplazable,
gente que no podía permitirme perder. Pero ya los he perdido.
He protegido a gente y también he sido el motivo de que
muchos necesitaran protección, he arañado paredes con tal de no perdonar
crímenes que yo ya había cometido por mi cuenta. He olvidado a personas que a
día de hoy todavía necesitan mi ayuda, he escuchado gritos de socorro y no he
acudido en su ayuda. He roto corazones, vidas, sueños; de personas que nunca
volverán a ser las mismas desde que desgarré sus ilusiones por la mitad.
He luchado muchas batallas y he perdido más de las que he
ganado, me he enfrentado a infiernos que mucha gente ni siquiera cree que
existan fuera de los cuentos. He deshecho firmes creencias como si fueran
caramelos. He vencido al miedo incontables veces, me he reído en la cara de la
tristeza aunque nada apuntara a que mi vida fuera a mejorar. He aprendido
muchas cosas de la soledad. Cosas que mucha gente ni siquiera aprende en una
vida entera, a mi no me han tomado más que un par de años. Son ese tipo de conocimientos
que se pagan caros.
Como ves, mi vida no ha sido un camino de rosas, pero qué
vida lo es ¿verdad? Nunca he creído en el karma, ni en ningún dios que nos da
algo bueno por cada golpe que nos llevamos. No creo en un mundo justo, ni en
ninguna igualdad, no creo que ninguna victoria se premie, no creo que los
clavos quiten otros clavos, ni que la vida se mida en bueno o malo. No creo que
exista la justicia ni nada que se le parezca, ni aquí ni en ninguna parte y
estoy asqueada del “no hay mal que por bien no venga”
En resumen, no creo en muchas cosas. Pero sí creo que las
batallas forjan a personas valientes, que las heridas te hacen fuerte, y las
pérdidas te hacen apreciar las pequeñas cosas que todavía puedes sostener entre
tus brazos. Muy a mi pesar, a mi no me quedan muchas de esas cosas. Supongo que
por eso estoy aquí, escribiendo esto.
Estoy cansada de que mi vida sea una carga tan pesada,
cansada de intentar sacar la cabeza para respirar, cansada de levantarme tantas
veces del suelo. Me estoy quedando sin cuerpo para más heridas. Dicen que todo
el mundo pasa por momentos como este, los llaman “bajones”, “depresiones”. No
puedo evitar una sonrisa burlona al pronunciar esas palabras.
No soy de esas personas que le cuentan sus problemas a la
gente, no me gusta llorarle a los demás, por eso esto que escribo no pretende
ser un grito de ayuda, sino simplemente una carta de rendición, o de tregua al
menos. Habrá quien tache de cobardía mi renuncia, pero siempre hay de esos, y
siempre tienen parte de razón en lo que dicen. Me da igual.
Esto no quieren ser las tristes palabras de una adolescente
despechada, por Dios, eso sería muy pusilánime. Solo quiero decirme a mi misma
que tengo que hacer las cosas de otra manera a partir de ahora. Jugar con las
cartas que tengo en la mano, tener paciencia y dejar de quemarlo todo a mi
paso. Aprender que quedarme quieta no es tan malo, que puedo ser feliz sin
lucha ni victoria ni guerra.
Necesito ser la persona fuerte que solía ser.
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