Hoy me ha pasado una cosa rara.
Me he enfadado.
Enfadado de verdad, como hacía mucho que no me enfadaba. Y me he dado cuenta de algo.
Antes vivía enfadada. Pero no con algo ni con alguien. Vivía enfadada sin más. Poco a poco ese enfado se fue convirtiendo en decepción y a la larga acabó siendo solo desgana y tristeza.
No tenía ni idea de por qué pasó esto, o mejor dicho, de por qué seguía pasando. ¿Por qué de alguna manera siempre sentía esa negatividad?
Hasta que un día empecé a aprender sobre Vulnerabilidad (Con V mayúscula).
Entonces entendí de una vez por todas que aquellas cosas que más nos molestan en los demás son las que más nos molestan de nosotros mismos. Que lo dice todo el mundo y se llenan la boca con esta historia, pero creo que nadie entiende exactamente de qué está hablando.
Me enfadaban las mujeres que me odiaban desde el principio, porque en el fondo yo también lo hacía. Las juzgaba, porque algo dentro de mí me advertía que ellas harían lo mismo. Y me advertía porque yo estaba (estoy aún muchas veces) insegura conmigo misma. Con mi cuerpo, con mi actitud frente a otras personas, con mi manera de vestir o de reír o de ser.
Como no podía admitirme a mí misma que sentía esa inseguridad, era más fácil juzgar a las demás asumiendo mi mismo juicio, que realmente era mi misma Vulnerabilidad.
Y lo cierto es que de poco sirve asumir esa actitud de mierda.
Esa necesidad de señalar "Es que ya me dirás para qué se tiene que vestir así" o "Prff es que les hace monerías a todos".
La verdad más jodida sobre esto es que lo ves porque tú también lo has hecho. También has recurrido a cosas que te hacían sentir aceptada, o querida o vista. Y a la vez ridícula, porque sabes que el resto (el resto de mujeres) lo sabe. Sabe que lo haces para mendigar esa atención que necesitas, y eso es lo que duele. Ese es el motivo de la burla. Voy a burlarme de ti antes de que otro tenga miedo de ver que soy o he sido lo mismo. Antes de que perciba esa misma inseguridad que tú tienes, en mí.
Lo realmente brutal de este asunto, y ahí donde las cosas empiezan a hacer click, es cuando entiendes que la gente actúa de determinada manera porque no conoce otra forma de saciarse. ¿Por qué vas a criticar una conducta que provoca un sufrimiento que tú conoces bien? Esa chica se viste así porque no le gusta su cuerpo tanto como dice. Nadie necesita fardar de algo que sabe suyo. Nadie. Una vez pruebas la autoestima te das cuenta de que la atención jamás podría haberte saciado.
Sabiendo eso ¿Por qué sentir ira en vez de ternura? Cuando es exactamente lo que nosotros necesitamos cuando nos vemos en esa situación. Ternura y nada más.
Fácil. Porque para mostrar ternura en un momento en que reconocemos la Vulnerabilidad en otra persona también hemos de asumir nuestra propia Vulnerabilidad. Y eso es jodido. Jodido de cojones.
Es una locura pararte frente a alguien que peca de lo mismo que pecas tú y decirle "Oye, no pasa nada, no tienes por qué sentirte de esta manera", porque para hacer eso primero has de asumirlo en ti. Primero has de mirarte tú al espejo y decirte "Oye tranquila, no te gusta del todo tu cuerpo, no le caes bien a todo el mundo, eres excéntrica de más y necesitas mucho más amor del que nadie sabe, y no pasa nada"
Y el efecto rebote es masivo. Te ríes de una persona y de repente tu ego se hincha. Estás a salvo, te has asegurado de redirigir la atención de tu entorno a otro objetivo. Has dejado claro que hay otro peores que tú, seguro que ahora nadie se fija en tus defectos.
Dejadme deciros que ese atajo de mierda no sirve de nada. De nada sirve tu ego si tu autoestima está por los suelos. No importa cuantas flores te tires, ni cuantas balas dispares fuera, ni cuantas veces ataques y rabies y te enfades.
No importa porque el problema eres tú. El problema está ahí, dentro tuyo. Todos tenemos alguno, y aunque no lo compartamos todos sabemos lo tremendamente doloroso que puede ser guardarnos algo así para nosotros. Es una locura si nos paramos a pensarlo, la cantidad de cosas que no expresamos por miedo o vergüenza a que otros no nos entiendan, cuando es evidente que nos pasa a todos lo mismo.
Con el tiempo guardar tanto dolor dentro nos hace despreciar a los demás, despreciarnos a nosotros mismos aunque a veces no lo sepamos. Y es lógico ¿no? Te están pasando cosas que no estás sanando, que se enquistan dentro tuyo y se vuelven costumbre. Si salgo de fiesta vestida medio desnuda y no le digo a nadie "Oye, me veo bien? Es que no sé..." no tendré el "Tía, estás guapísima" o si tienes a alguien como Alba, el típico comentario en medio de la fiesta, como si supiera que hay momentos en que dudas, cuando te dice "Buah, es que cuando bailas con esa falda el efecto que hace es súper sexy" y te ilumina la cara y te ilumina el día porque esa inseguridad, por un ratito desaparece. No tendrías nada de eso. Tendrías la vuelta a casa cansada porque cada X tenías que invertir tiempo en el "Se estarán riendo de mí?" "Les parecerá que voy demasiado desnuda?".
Y sé lo que estás pensando "Esto es como cuando tu madre te dice que eres guapa".
No.
Haced la prueba. Hablad con las personas en las que confiáis, contadles lo que duele. Lo que duele dentro, en lo más profundo. Lo que está siempre en las pequeñas cosas. Esa sensación de que nunca eres suficiente, o de que nunca estás satisfecho, o de que sientes que en fondo no le importas a nadie.
Contádselo a alguien.
Contadlo porque a todos nos pasan mierdas.
Contadlo porque todos queremos a alguien como Alba. Pero a veces no nos damos cuenta de que para merecer a ese alguien primero tenemos que estar a la altura de las circunstancias. Tenemos que atrevernos a mirarnos al espejo y querernos para poder decirle a alguien "Cuando bailas esa falda te hace sexy" en vez de "Mira esa con que falda ha salido de casa, si se le ve todo".
Hay que ser muy valiente para hacer eso.
Pero os prometo que vale la pena.
No hay comentarios:
Publicar un comentario