Y empiezas
un día a sentirte solo. Coincide con el día en el que naces. Solo en tu sentimiento, en tu
ilusión, en tu decepción. Solo en tu llanto, en tu
esperanza... solo en tu soledad,
queriendo formar parte de, deseando componer algo, deseando romper las cadenas
que te esclavizan a tu propio yo.
Pero tu yo es tu límite. Nadie puede sentir como tú, pensar como tú; nadie se puede poner
en tu lugar. Es ahí donde la soledad reside... Quiero querer, quiero amar.
Amarte a ti que no lo sabes. Sin querer te amaría. No es lo que quiero, es
lo que es. No decido. Está decidido ya. Si no supiera quién eres, si
jamás te hubiese visto, aun estando lejos de mí, sin cruzarnos nunca ni tan
siquiera en sueños, tal vez fuera distinto, pero aun así, sabría, conocería... no tu nombre, no tu olor, no tu presencia.
Conocería tu
ausencia. Estuviste nunca, siempre faltaste. Es tu ausencia lo que siento, lo
que he aprendido, lo que sin querer me has enseñado. Es por eso, por lo que cuando
te veo, sé que eres
tú. Porque mi
vacío se tapa y no deseo escribir mis lloros. Porque reconozco el sabor de la
nostalgia en el instante inmediato a tu marcha. Por eso sé que eres tú. Soporto. Quiero no
tener, poseer no
quiero, quiero no querer, no tener la propiedad de nada, la dependencia de nada.
No lo soporto, me vulnera, me ahoga, me destruye imaginarte, y en contra de mi
voluntad me rompo.
Por eso sé que eres tú.
Porque ahora
mismo, escribiendo esto, me veo leyéndote, y cada vez que levanto los ojos del papel es tu cara
lo que veo. Y sé, que si, tan solo un instante, me permitieras hablarte al oído,
bajito, más antes que tarde, cerrarías los ojos, para que el agua de mis
lágrimas diera paso a la verdad.
Por eso sé que eres tú.
Estoy
sentada, al final del camino, cansada, con los pies
colgados sobre el infinito como un niño sobre un viejo puente viendo pasar el
río. Sin pensar
en nada. Y aun así te extraño. Preguntándome que harás ahora. Preguntándome si
he de buscarte, si he de esperar, si he de
rendirme.
Por eso sé
que eres tú, y porque sé
que eres tú, te diré que tu nombre... se siente y no
se puede tocar.
Vives en mi fantasía, te imagino, vienes, pasas y te
vas.
Me haces sonreír cuando cierro los ojos.
Espero que llegues y no llegas jamás.
-SUEÑO.
Tu nombre, para mí, es un sueño.

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