Miran al cielo y
piden un deseo: Contigo la noche más bella. Amores imposibles que escriben en canciones el
trazo de una estrella. Cartas que nunca se
envían. Botellas que brillan en
el mar del olvido.
Nunca dejes de buscarme la excusa más cobarde es culpar al destino.
Nunca dejes de buscarme la excusa más cobarde es culpar al destino.
Ella soñará un verso
que él nunca escuchará. Él no trepará sus trenzas una noche de invierno.
Ella soñará un viaje y no habrá despedidas, ni canciones de amor, ni Capuleto y
Montesco.
Crecerán y en la espuma del tiempo se deshacen sus sueños.
No quedará ni un recuerdo, ni en la noche un lamento. Quizá una leve herida que lavará el olvido o el agua de la clepsidra.
Crecerán y en la espuma del tiempo se deshacen sus sueños.
No quedará ni un recuerdo, ni en la noche un lamento. Quizá una leve herida que lavará el olvido o el agua de la clepsidra.
“Esa noche, la noche en que te perdí. La noche en que supe
que te había perdido. Canté canciones tristes. Canté y canté hasta que esas
canciones se rajaron en el llanto de mi garganta. Y por primera vez en mi vida
me dejé caer en el suelo, guitarra al pecho. Y me rendí.”

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