Llevo un mal día. Bueno, una mala semana igual.
Nada en particular, ya sabes. Cuando no pasa nada destacable
le vas dando vueltas al resto de cosas que tienes en la cabeza y terminas por
hacer un círculo vicioso con ello. Realmente todavía no he levantado cabeza
desde lo tuyo, así que no voy a llamarle a esto “recaída”, supongo que
simplemente es uno de esos días que destacan por las veces que me acuerdo de
ti, o por las veces que me da por llorar sin razón.
Ya puestos a escribirte una carta decente. Bueno, estoy
viendo Doctor Who. Sí, sé que odias que haya esperado tanto para verla ahora
que no podemos comentarla juntos. Pero mejor tarde que nunca. Ahora entiendo a
lo que te referías, cuando decías “Eres el calco del mejor doctor de todos los
tiempos”. Creo que nadie me hará nunca un mejor cumplido.
Y sí, te sentí a mi lado en muchos de sus capítulos. Y sí,
por fin entiendo por qué te dio semejante ataque cuando te dije literalmente “no
quiero que te vayas”. Llevo la epicidad dentro incluso sin saberlo ¿qué puedo
decir?
La verdad es que la serie me está destrozando
considerablemente. Ya sabes, demasiadas similitudes y cosas que nos reflejan.
Pero a la vez es una manera sana de recordarte y de sentirte cerca. Dios, estoy entendiendo tantas cosas que me
decías… Estoy viendo tan claros tus “algún día lo entenderás”…
Te echo mucho de menos.
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