Esto va a ser complicado.
Hace mucho tiempo que tengo algo pendiente que decirte y no sabía bien por donde abordarlo, pero estos días leyéndoos al papa y a ti he conseguido concretarlo, así que allá va.
No sabía como lo hiciste. No tenía ni idea. No sabía como sobreviviste a la muerte del papa.
La gente dice que tendemos a idealizar a nuestros muertos, y puede que tengan razón en muchos casos. Pero lo que tu y yo tuvimos con él fue increíble. Fue más que eso, fue inusual e irremplazable.
Y lo perdimos. Las dos lo perdimos.
Yo perdí algo que había dado por sentado durante once años de mi vida, pero para ti fueron muchos más. Era mi padre pero para ti era mucho más.
Y yo era una niña y me pude permitir huir de ello. Me pude permitir que mi vida me importara un bledo. Pero tu no. Tu cargaste con tu dolor, con el mío y con el de toda la familia. Cargaste con tus responsabilidades, con tu trabajo, con tu casa, te sacaste el carnet de coche (Por si algún día me pasaba algo para poder llevarme al hospital, te oí decirlo, lo recuerdo), me llevaste de viaje, cuidaste de tu madre y de la de tu difunto marido, cuidaste de todos y cada uno de nosotros. Nos sostuviste a todos.
No sabía como lo hiciste.
Y el otro día, leyendo una carta que me escribiste hace una vida entera lo entendí.
No luchaste por ti, sino por mí.
Cada paso de ese camino eterno que recorriste, cada vez que querías darte por vencida y dejarlo todo e irte con él te quedaste por mí. Para no dejarme sola
Toda mi vida me has dicho "Cuando seas madre lo entenderás" y yo no lo entendía, yo me frustraba porque yo quería seguir tirando mi vida a la basura, porque desde que él murió a mi no me importaba nada.
Nada de nada.
Yo me rendí mucho más rápido que tu, me ha llevado muchos años entender lo que me pasó. Muchos años, en los que tu no has flaqueado ni una sola vez en el amor que has sentido siempre por mí.
No me diste nunca por perdida, incluso cuando viste que yo sí me daba por perdida. Sostuviste tu vida y la mía por las dos.
Quiero que sepas que eso no lo aprenderé por ser madre. Lo aprenderé porque HE TENIDO una gran madre. Que me ha enseñado cosas que no habría sabido aprender sola.
Así que esta carta es para darte las gracias.
Gracias por haber escogido al mejor hombre del mundo para ser mi padre. Gracias por cuidar de él y de vuestra relación cada día, desde el primero hasta el último. Gracias porque entre los dos me enseñasteis que el amor es posible, en un mundo en el que a veces parece que cada vez lo hay menos.
Gracias por tirar de mí aunque sintieras que eso te convertía en la mala, aunque supieras que eso me alejaba de ti. Gracias por escoger mi bienestar en vez del tuyo. Gracias por la firmeza frente a mi rebeldía. Gracias por intentar todo lo que supiste. Gracias por coger el manojo de enfado que era yo y tratar de mantenerlo en el camino.
Gracias por escucharme, por darme todas las oportunidades del mundo, por entender lo que me duele y seguir cambiando y seguir creciendo conmigo cada vez que aparezco con una nueva locura.
Gracias por cuidar de mis dos abuelas. Gracias por enseñarme que no se abandona jamás a la familia.
Gracias por todas las noches que resististe cuando solo querías dejarlo todo atrás.
Gracias por apoyarme en cada decisión, por mala que pudiera parecerte. Gracias por dejarme ser quien quiero ser e impulsarme en el camino que elijo recorrer.
Gracias por enseñarme a ser mejor hija cada día y ojalá algún día una buena madre.
Ojalá algún día estar a la altura de todo lo que me has enseñado. Dicen que los hijos siempre son mejores padres que sus padres, pero me has dejado el listón muy alto.
Espero ser capaz de ello algún día.
Después de todo criaste a una guerrera.
Soy una guerrera porque una gran guerrera me crio.
Y por eso te estaré eternamente agradecida.
Te quiero.
No hay comentarios:
Publicar un comentario