sábado, 4 de enero de 2020

Gracias, Foodie Love y Marriage Story

Vi una serie hace poco que me cambió un poco la vida.
No de esa manera en que te la cambian otras que te dejan como "Uau, ahora entiendo la ciencia ficción!" o "He encontrado mi serie favorita". Fue una sensación que no había tenido nunca con otra serie, como si me pegaran una bofetada en toda la cara con mi propia mentira o con mis carencias que disfrazo de locura.

Y con ello entendí varias cosas. La primera que de todo el mundo en el que vivo quizá valen la pena un 5% de personas. Y me voy a explicar.
La gente tiene una obsesión con creer que es perfecta. No lo dicen, no se lo dicen ni a si mismos. Pero en secreto creen que son perfectos. No entienden por qué les va mal en la vida, en el amor. No lo entienden. "Quizá no he encontrado a la persona adecuada" dicen o "No era el momento adecuado".
La gente está llena de taras que no ve, que no trata, que no combate.
Es curioso como cuesta admitir que la hemos cagado. Que la culpa no ha sido del otro, que hemos sido un jodido desastre. Es curioso como conforme el tiempo va pasando ya no somos el malo en la historia de nadie. O bueno lo somos pero... No fue del todo culpa nuestra, ¿no? Porque la culpa siempre es un poco de los dos.
Es curioso lo poco autocrítica que es la gente. El curioso como pueden vivir años y años con los mismos problemas, los mismos pesares, los mismos errores y decir que la culpa es de los demás.
Que la culpa siempre es de los demás.
Es realmente difícil encontrar a alguien que haya reflexionado sobre esto, o quizá hay quien haya reflexionado pero encontrar a alguien que le haya puesto cura... Uf. Encontrar a alguien así es casi algo místico.
La gente se mete en relaciones sin haberse pulido lo más mínimo esperando a que las cosas salgan bien por magia divina. Y se encierran en una vida en que la otra persona no sabe nada de ellos, no les conoce, no les siente como son, no crecen, no viven, no lloran. Nada. Solo están ahí, contentos porque han sentido "Ese amor que tiene que sentirse, no?"
Pues no. una relación es trabajo, es esfuerzo, es reflexión, es una pregunta constante. Porque si eso no es amor yo no sé qué coño lo será. Una pregunta constante.
Y nos empeñamos en buscar el problema en la cabeza del otro cuando ya nosotros hemos salido de casa con un puzzle para el que no tenemos aún ni la mitad de las piezas. ¿Pero la culpa? La culpa es del otro.

Esto por un lado.
Por otro entendí que no me interesa alguien que no se haya roto. Roto de verdad, roto de bajar al infierno y subir de nuevo. No me interesa alguien que no haya entendido la importancia de las cosas, que no haya tenido miedo de perderlo todo. Que no viva con la prisa del que ha visto su vida en peligro. No me interesa.

También me di cuenta de mi gran gran gran tara. Porque creo que en esa serie hay alguien que también la tiene, aunque no sea la más relevante y pase un poco desapercibida.
Renuncio a mi constantemente. Soy una constante de sacrificio y de ceder, no puedo evitarlo. Siempre doy por hecho que la otra persona no va a poder asumir lo que soy, y lo corto y lo escondo y lo machaco hasta convertirlo en nada. Y me planto en una relación en la que están tan acostumbrados a que ceda que siempre quieren más. Me acabo convirtiendo en lo que se espera de mi que sea, intentando no perder las últimas cosas vitales que me quedan.
Desaparezco y acabo siendo nada, y cuando intento resurgir... Cuidado. Esta no es la historia que me habías vendido. Y es cierto.

Tengo la manía de no aprender de la gente que me hace daño. O sea, sí aprendo, pero no aprendo para la siguiente persona. Tiendo a pensar que todo el mundo es diferente, que todo el mundo tiene justificación. Y me meto en fregados monumentales en los que ya sé que no me tengo que meter.
Veo a alguien con 33 mochilas y para mí es un caramelito, porque yo puedo adaptarme a eso. Yo puedo ayudarle con eso. Yo puedo explicarle lo que le pasa y por qué. Yo puedo ver lo que le falta para romperse como quiero que todo el mundo se rompa. Ese es el problema. Que nadie que no se haya roto nunca va a querer romperse. Y lo que es más. Nadie debería romperse para mí.

Y todo esto. todo este mejunje de inseguridades, que al final es lo que son. Todo viene del mismo sitio. Todo viene de esa condescendencia que tengo con la gente, de ese conformismo que he adquirido y amueblado tan bien en mi cabeza. Todo viene del "Ese tren ya lo has perdido."

Mi problema, mi tara, lo que me dificulta la vida, y el amor, y lo que hace que la culpa sea siempre de los demás. Reside en que yo no tengo una mochila. Yo tengo un puto fantasma.






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