jueves, 27 de noviembre de 2014

Cartas desde el invierno 11


Te necesito hoy.
Nunca hablo de ti. Bueno, te menciono, pero no hablo de ti. Ayer no sé por qué salió el tema y estuvimos discutiendo algo paralelo a ti con unos amigos. Y ni siquiera reviví nada, no me puse a llorar, estuve bien.

Pero abrí la caja de Pandora de alguna manera y desde entonces estoy un poco rota. Llevaba unos días totalmente centrada en mi vida, ignorando todo lo que me pasaba y me azotaba por todas partes. Y creeme, que se me estaba dando bien. Pero ayer fue como ir corriendo y darme de boca contra el muro. You know, The Wall.

Fui cayendo en círculos y todo empezó a pesarme otra vez, me cargué los nuevos pesos sobre la espalda y una vez más todo era demasiado pesado. Y el "puedo con todo" perdía un poco de sentido, y le ganaba terreno el "Estoy harta de poder con todo". A veces me gustaría poder dejar caer la puta mochila y respirar.
Pero siempre, SIEMPRE, es mucho pedir que algo salga bien.
¿Cuando llega mi respiro? ¿Cuando puedo empezar a relajarme, a centrarme en quitarme pesos de encima?

A veces pienso que estoy tan obsesionada en que las cosas salgan bien, que me aferro tanto al "va, ahora es cuando las cosas mejoran", que yo misma me creo el muro contra el que me estampo. Pero por mucho que me diga "no te ilusiones" "no esperes nada de nadie". Joder, no es tan fácil. ¿Qué se supone que me tiene que motivar a seguir adelante si no es eso?

Ojalá estuvieras aquí.  No por tus consejos (que también), sino por tus silencios mientras te explicaba mis historias, o tus risas en el momento perfecto, que les quitaban el hierro que ni yo ni nadie sabía quitarle. Ojalá estuvieras aquí para decirme "pero no te preocupes, pequeña, aun nos queda mucho tiempo."
Ojalá.





No hay comentarios:

Publicar un comentario