viernes, 15 de agosto de 2014

Cartas desde el invierno 08



Hace poco leí en un libro algo que me llamó la atención. Decía algo así como “Cuando me dejó, también dejó en mi un enorme vacío, y entonces al cabo del tiempo me di cuenta, de que ese vacío no podría llenarse aunque volviera con ella.”
Lo que me llevó a pensar, en como siempre que nos caemos al suelo o cometemos un error o hacemos algo que no da el resultado que buscábamos, intentamos enmendarlo volviendo atrás, dando por hecho que el retroceder nos devolverá al punto de partida y podremos hacerlo mejor. No es necesariamente así, estás caminando en una sola dirección, si vuelves atrás tal vez el camino ya no sea el mismo, tal vez ya no necesites ese otro camino, tal vez el que recorres ahora te ofrezca otras cosas.
Y a raíz de eso me di cuenta de que la única manera de seguir adelante cuando estás perdido es improvisar. Haz lo que quieras, sea lo que sea, déjate llevar. No importa si está bien o está mal o a quien le moleste.
¿Lo quieres? Cógelo.
Una vez lo haces te das cuenta de lo absurdo que era esperar a que las cosas tomaran un rumbo solas.
No es algo poético de decir, pero no tiene que serlo, incluso ahora, solo estoy improvisando.
Al final me he dado cuenta, de que las mejores cosas que haga en mi vida nunca vendrán de una programación.

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