sábado, 30 de agosto de 2014

30/08/2014

Los dos se fueron a dormir, cada uno en un lado de la cama, con las luces apagadas y los ojos cerrados. Y si les preguntáis por separado los dos jurarán que ninguno se movió de su sitio de la cama, y puede que así fuera, puede que fuese el mundo el que se movió a su alrededor, pero el caso es que cuando quisieron darse cuenta los dos ya notaban el aliento del otro en su cara, un aliento que olía a deseo y que cada vez estaba más cerca, tan cerca que sus narices se rozaron y tan sólo con ese roce sus pieles se erizaron y un pequeño suspiro se escapó de sus bocas, bocas que irremediablemente se juntaron y se fundieron en un beso con ansia, un beso con ganas, con muchas ganas. Y a partir de ese momento sí que os puedo asegurar que el mundo se movió y que la habitación giró y giró, que las paredes se desgarraron y que la cama dio la vuelta, que sus ganas fueron hechos y sus intenciones libres, que el protagonista fue el deseo y sus respiraciones un dueto, y que como estaba predestinado a ser, dejaron de ser sólo conocidos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario