Hay personas por las que darías cualquier cosa. Personas por
las que piensas “todo lo demás ha valido la pena”. Que te devuelven la
esperanza en el ser humano, que pase lo que pase se quedan en alguna parte de
tu ser.
Y no importa las vueltas que de tu vida, que tal vez te
acaben haciendo daño, traicionando o puede que ni siquiera te lleguen a
conocer. No importa lo que pase porque seguirás queriéndoles.
Personas que han sido demasiado especiales, que brillaban
con luz propia, que tenían algo que los hacía mágicos e inigualables.
A veces pasan años sin que les veas. O pierdes el contacto
para siempre. Mueren o se van tan lejos que sabes que nunca volverán. Pero da
igual. En el fondo nunca se van. En el fondo eres cada una de esas personas que
has tenido la inmensa suerte de conocer. Eres cada momento que habéis
compartido, cada gesto, cada sonrisa. Cada sentimiento que han despertado en
ti.
Es una lástima pero a menudo coincide con que nunca se
quedan demasiado tiempo. Son como estrellas fugaces que van pasando de largo y
nunca dejas de echar de menos. A veces acaban siendo amantes, otras solo amigos
o a veces ni siquiera eso. La gente a menudo se empeña en que hay que olvidar a
esas personas. Fingir que nunca han existido y seguir con tu vida olvidando lo
que fueron para ti.
Yo prefiero recordarlas para siempre. Alegrarme por cada uno
de sus triunfos, aunque sean lejos de mí y recoger las miguitas de pan que van
dejando en la distancia. Porque siempre puedes querer a alguien aunque ese
alguien no te quiera como tu desees que lo haga.
Alguien me dijo una vez que hay dos maneras de querer a
alguien. Quererlo a secas, como se ama a alguien que te importa por encima de
ti mismo. O quererlo para ti, de forma egoísta, como quieres un objeto que te
gusta, sin importar que tal vez a tu lado no sea tan feliz como podría ser al
lado de otra persona.
“Nobody
important? ... hundred years of time and space and I've never met anybody who
wasn't important before.”

No hay comentarios:
Publicar un comentario