Soy la mascota de los peces de mi
pecera; son ellos los que me miran, los que están fuera. He recogido gotas de lluvia
una a una con un dedal...
¡Quiero sembrar lluvia en los jardines de mi sueño!¡que
llueva de la tierra al cielo, que se encharquen las nubes con el sabor del lamento
mío!...
Sigo cazando gotas lloradas por el cielo.
Si algo tan grande llora es que su dolor tiene dueño. Y puede que yo sea la
mitad de alguien que vive en mi otro medio, un espejo no perfecto, dos destinos
para un mismo trayecto.
Voy a descansar, a sentarme entre los renglones de mi
náusea. Quiero un café... por favor, claro. En los
posos
de su taza zambullirme, dejar de ser, matar el
regreso,
olvidarme con cada ayer, nacer cero en lo que venga,
sin enseñanzas, sin guión, como inventando el fuego o descubriendo el amor,
asustándome con mi reflejo a la orilla de un río, sintiendo el frío, que quizás
para mí, será calor…

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