sábado, 21 de febrero de 2015

22/02/2015

Últimamente me paso el día pensando. ¿Estuve yo ahí en algún momento y no lo supe disfrutar?

Supongo que este es uno de esos puntos de inflexión en los que la cosa se te complica, y solo puedes salir a flote o hundirte del todo.
Aunque no creo que sea tan evidente, o tan absoluto. Puedo hundirme y salir a flote cinco veces en un solo día. Puedo despertarme con ganas de morirme e irme a dormir pensando que me puedo comer el mundo, si me apetece, o al revés.
Pero es esa falta de control lo que me hace sentirme perdida, descolocada, sola. Es esa falta de control, la que me hace tener que huir cada vez que me cuesta contener las lágrimas, la que me hace morirme de repente, la que me obliga a marcharme.
Nunca estoy tan mal como para rendirme, ni tan bien como para ser del todo feliz. Después de la tormenta siempre llega la calma, y después de la calma la tormenta me vuelve a azotar.
Ojalá pudiera sonar tan convincente para mi misma como les sueno a los demás, ojalá pudiera conocerme un poco menos y creerme un poco más.

Ojalá me costara menos.
Dejarte marchar.


No hay comentarios:

Publicar un comentario